laorejagigante

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viernes, 10 de noviembre de 2017

Por amor a la vida Por Carlos Rozanski

Los genocidas argentinos han sufrido ayer la peor derrota de su cruzada criminal. Y han perdido para siempre. Se trata de aquella que ni siquiera la influencia de los vínculos primarios pudo evitar. Un grupo importante de sus hijos dio un ejemplo único en la historia. No hay antecedente alguno en el mundo, en el que los hijos de genocidas renieguen de sus padres y se manifiesten en forma de colectivo público y militante. Quienes se llaman a sí mismos “desobedientes” hicieron un aporte gigantesco en el camino de la memoria. Mediante un proyecto de ley, proponen –y van a lograr–, terminar con dos normas que, desde el Código Procesal Penal Argentino, los reducían al silencio, prohibiendo que hijos y familiares directos denuncien a sus padres por delitos, salvo que fueren cometidos contra sus propios descendientes. Tampoco les permitían testimoniar en su contra con la misma excepción. Hoy, un grupo muy particular de esos ciudadanos, interpelan, como nunca se hizo, al Congreso de la Nación Argentina. Recuerdan a cada diputado y a cada senador su derecho visceral a formar parte de una sociedad de paz, de verdad y de justicia, que repudia a los mercenarios del mercado y la violencia y a quienes aun siendo sus progenitores -y tal vez con más razón, por eso mismo-, tienen derecho inalienable a denunciar. Y los legisladores deben escuchar. Porque, el Congreso de la Nación no puede mirar para otro lado. No pueden nuestros representantes desoír el desgarrador reclamo de quienes, superando enormes obstáculos, eligieron la vida por sobre la muerte, la mentira y la infamia. En esta encrucijada no importa el apellido que tengan o hayan tenido, importa su sensibilidad y empatía, su enorme valentía y ejemplo de cómo, desde espacios tan brutales, han tomado la decisión de reclamar. Como dijo alguna vez Eli Wiessel, premio Nobel de La Paz, “ante la atrocidad hay que tomar partido”. Y en este increíble país que vivió atrocidades como muchos pueblos, pero que se mantuvo de pie y que siempre miró de frente a los genocidas, tomaron partido las víctimas, lo tomaron sus madres y sus abuelas, lo tomaron quienes se unieron al reclamo de justicia por décadas, y hoy se suman quienes padecieron un dolor inimaginable. Imposible saber lo que siente quien se entera de adulto que su padre secuestró, torturó, violó, asesinó y desapareció ciudadanos. ¿Qué puede pasar por la mente de quienes en una franja de edad variada –algunos tienen sus propios hijos–, relacionan con esta nueva realidad, aquellas ausencias de esos años de infancia dura, plagada de silencios, mezclados con gritos, con órdenes, con mentiras?. ¿Cómo reaccionar frente a la noticia? ¿Qué hacer ante un padre preso que se reinventa a sí mismo como víctima de una conspiración de demonios, repitiendo frases hechas, desmentidas por la brutal realidad de miles de testimonios y pruebas que derramaron verdad sobre la sangre seca de las víctimas, y por el dolor interminable de una sociedad que las extraña, abriendo con justicia en acto, e iluminando para siempre el camino de la reparación y la memoria? Estos jóvenes ya han atravesado largos años de mandato de silencio y de negación, pero luego han comprendido que callar o negar la atrocidad es una forma más de convalidarla. Es sólo para quienes no tienen la empatía elemental con aquel pequeño grupo de mujeres que, desde el primer día, con un pañuelo en la cabeza, enrostraron a los genocidas y al mundo los crímenes que se estaban cometiendo. Con aquellos hijos, padres, abuelas, organismos incondicionales defensores de los derechos humanos, y millones de personas que, en esta maravillosa tierra, durante décadas, honraron la vida. Los “desobedientes” son hijos de genocidas, pero también son hijos de esa lucha, de la que nunca termina, de la que denuncia la injusticia, y la combate sin cansancio. Y por eso desobedecen, por toda esa energía infinita que la militancia por los derechos humanos transmite y contagia. Porque los incluye, los saluda y los abraza. Porque son la prueba tal vez más paradojal de que los verdugos perdieron la peor batalla, la que entablaron para reproducir violencia y terror y cuyo resultado no sólo fue una sociedad solidaria y valiente, sino una en que sus propios hijos tomaron partido por la vida, la verdad, la justicia y la memoria.
* Ex juez federal.

viernes, 3 de noviembre de 2017

https://www.telesurtv.net/tags/Transmisiones%20en%20vivo#

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El Destape | #AnálisisED: Verbitsky opina sobre la persecución macrista ...

Por Alejandro Ippolito

La tristeza no resulta ser una buena consejera y tampoco se constituye en una musa confiable. Cuando invade las arterias es mejor buscar la calma hasta que el aire cambie y se acomode nuevamente la esperanza.
Por eso es que lo mejor será dejar de escribir por un buen tiempo, obedeciendo a la imagen que me inunda los sentidos y no me deja otra opción por el momento.
Resulta devastador comprender que se ha vivido un espejismo, que la ilusión de un país con inclusión y con una mirada más piadosa sobre los postergados es solo una falla de la historia, un error, un descuido que a veces, esporádicamente, nos hace pensar que es posible una realidad diferente que nos contemple a todos.
Pero no es cierto, en algún momento la bestia se sacude las pulgas y todo vuelve al orden establecido, el más conveniente, el del mundo para pocos que la humanidad civilizada y mercantil impone.
El reparto más equitativo es una quimera, una fuga en el sistema, un error de carga simplemente.
El país debe ser para unos pocos, porque el continente y el mundo entero son para pocos.
Los demás somos el relleno de las cosas, un apéndice de la vida que puede ser extirpado ante la menor molestia.
Por eso comprendo la alegría de un sector que vuelve a ser el dueño – o nunca dejó de serlo – de todo lo que existe sobre la tierra y bajo el cielo. Los que necesitan una grieta ancha, inabarcable, que marque muy bien las diferencias.
Esa misma grieta que se hizo visible en estos años no por su existencia sino porque parecía angostarse cada día más y había que detener el proceso que amenazaba con desaparecerla.
Ha sonado la campana anunciando el fin de este recreo, celebran felices los poderosos porque han demostrado que nada puede contra el tiempo y el dinero.
El capital es soberano, ángel y demonio según el caso, dios omnipresente con altares en los bancos.
Entender que uno ha quedado afuera de una fiesta que parecía interminable no es pesimismo, es haber aprendido a tener los ojos abiertos a pesar de cualquier consecuencia.
Cuando veo bailar al nuevo monigote de los poderes económicos concentrados su danza triunfal convulsiva y estrafalaria, cuando comprendo que hemos caído cien escalones en la dimensión de un estadista en favor de los mercados, cuando se distingue claramente quienes se lamentan y quienes se frotan las manos; es que resulta necesario detenerse en el vértigo que no conduce a otra cosa que al golpe seco y reiterado contra una realidad incomprensible y absurda.
Entonces, menos palabras volcadas al vacío y más reunión de voluntades sanas, de sintonía fina, de luchas similares, de abrazos concretos y menos virtuales. Más calle y mejor elección de las batallas.
Por ahora, me quedo con eso.

Milagro Sala llega a la Corte interamericana de Derecho Humanos

3 de noviembre de 2017
Washington, D.C. – La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) solicitó el 3 de noviembre de 2017 a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) que adopte medidas provisionales a favor de Milagro Sala con respecto al Estado de Argentina, porque considera que el Estado ha incumplido las medidas cautelares dictadas en su favor.
En enero de 2016, organizaciones de derechos humanos de Argentina solicitaron a la Comisión la adopción de las medidas cautelares a favor de Milagro Sala, lideresa indígena.
El 27 de julio de 2017, tras haber recibido información de ambas partes y haber efectuado una visita al centro de detención, la Comisión Interamericana otorgó medidas cautelares a favor de Milagro Sala a través de la Resolución 23/17. A juicio de la Comisión, existían suficientes elementos para considerar que, entre otros aspectos, las condiciones de detención de Milagro Sala constituían una situación de hostigamiento y estigmatización que ponía en riesgo su vida e integridad, situación agravada por el estado de la salud mental de la beneficiaria. Por lo anterior, la CIDH dispuso que el Estado argentino debía adoptar medidas para garantizar los derechos a la vida e integridad personal de la beneficiaria; concertar con ella las medidas a tomar; y teniendo en cuenta la excepcionalidad de la detención preventiva, adoptar medidas alternativas, tales como el arresto domiciliario o que la beneficiaria Sala enfrentara el proceso en libertad.
Después del otorgamiento de la medida cautelar, la Comisión encontró que las autoridades judiciales de Jujuy tomaron decisiones que se distancian del cumplimiento de las medidas cautelares dictadas por la Comisión y que, por el contrario, agravan la situación de riesgo de la beneficiaria. Inicialmente las autoridades judiciales ordenaron la detención domiciliaria para Milagro Sala. Sin embargo, bajo un estricto régimen de seguridad que reproducía las condiciones de la Penitenciaría en su domicilio. Posteriormente, la Cámara de Apelaciones y Control de la Provincia de Jujuy ordenó el retorno de la procesada a la Penitenciaría. Y finalmente, un juez ordenó el reingreso de Milagro Sala al Penal porque ella se habría negado a ser trasladada a un centro médico donde se la practicarían exámenes clínicos. Además, la Comisión tuvo conocimiento de la grave situación psicológica que atraviesa la beneficiaria por la angustia que le generan las últimas decisiones tomadas por las autoridades del Estado, lo que la habría llevado a causarse una autolesión, en adición a la causada con anterioridad al otorgamiento de las medidas cautelares.
La CIDH encuentra que las actuaciones descritas, no se dirigen a cumplir las medidas cautelares. Las más recientes acciones, analizadas en conjunto con otros factores de riesgo identificados en la Resolución 23/17, agravarían el riesgo para la vida e integridad personal de la señora Milagro Sala. En consideración de la CIDH, la situación actual de Milagro Sala cumple con los requisitos de extrema gravedad, urgencia y riesgo de daño irreparable previstos en el artículo 63.2 de la Convención para el otorgamiento de medidas provisionales.
La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.