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miércoles, 23 de mayo de 2012

En el nombre de Atahualpa

La escena transcurre en un bar de Buenos Aires, a comienzo de los años ’70. Mercedes Sosa, los integrantes del grupo Quilapayún y algunos periodistas toman café y conversan animadamente sobre música y política. Es tarde, todos vienen de una noche de actuaciones y otros fervores y de pronto alguien plantea, a modo de desafío a ser saldado, una pregunta descomunal: ¿Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra? ¿Quién es más grande como artista popular? ¿Quién representa más cabalmente a esa América latina que parece estar en su mejor hora?
Rápidamente se suman argumentos de uno y otro lado. Violeta ya no está, pero su nombre no deja de crecer. Atahualpa está, pero lejos, en París. A medida que avanza la noche, la mesa tiende a favorecer a Violeta, si bien por un margen mínimo. No está dicha la última palabra. ¿Quedará sellado un veredicto a favor de la chilena?
Mercedes Sosa ha permanecido callada. Quizá no está del todo cómoda. Ella no es de intervenciones brillantes. Hablando no se siente muy segura; su autoridad está en el canto. Pero de pronto alza la voz, y con un golpe de puño sobre la mesa exclama: “¡Pero déjense de pavadas! Yupanqui es único”. La discusión se apaga de inmediato, y quienes la han fogoneado ahora buscan a tientas, casi avergonzados, otro tema, algún asunto que recomponga enseguida la camaradería latinoamericana.
Al decir que Yupanqui es único, Mercedes no ha dicho que sea más grande que Violeta Parra. Tampoco ha sostenido que sea menor. Lo que Mercedes ha sentenciado de modo inapelable es que no existe medida para Yupanqui. Así de simple, aunque en verdad es un tema muy complejo. A un siglo de su nacimiento, Yupanqui sigue siendo un tema complejo. Fue único no en el sentido humanista con el que decimos que cada ser humano lo es. Tampoco por su talento: la historia argentina abunda en artistas talentosos. La singularidad de Yupanqui refiere a la conformación misma del folclore como género de música popular.
(...) Su figura es tan poderosa, su poesía y su música tan perfectas y su nombre de tan profundas resonancias –Atahualpa Yupanqui es casi una categoría moral del arte, un ideal que enaltece al que lo busca–, que tenemos la impresión de que existió siempre, de que es el clásico de los clásicos de la Argentina. De que siempre, desde el principio de los tiempos, hubo un Atahualpa con su guitarra presidiendo la canción popular de los argentinos. Obviamente esto no es así: ¿no es sorprendente enterarse de que “Luna tucumana”, su canción más famosa, fue grabada por su autor recién en 1957, cuando sus compases habían sido memorizados por más de una generación?
Cuando Atahualpa empezó a grabar discos con cierta frecuencia, a principios de la década del ’40, la palabra folclore tenía alrededor de un siglo de uso. Andrés Chazarreta había debutado en Buenos Aires dos décadas antes y los músicos más destacados de la primera oleada de folclore en la Capital no eran más jóvenes que Yupanqui: él se formó con muchos de ellos, tocando a su lado. ¿No es increíble que su nombre casi no existiera en la prensa de la década del ’30, cuando Gardel ya era un mito nacional?
(...) Si nos atenemos a sus dichos, Yupanqui deseaba convertirse, con los años, en un anónimo. Deseaba desmaterializarse en medio de la correntada del canto popular. En alguna oportunidad, siendo víctima de una férrea censura, asistió a un restaurante donde unos músicos estaban tocando una canción de su autoría. El presentador lo reconoció y se apresuró a anunciarlo: “Acabamos de escuchar el tema de un autor anónimo que nos honra con su presencia”. Décadas más tarde, Divididos hizo una versión medio blusera de “El arriero”. Tal vez alguien creyó que aquella canción era del grupo, o que era tan anónima como “Duerme negrito”, pieza de dominio público que Atahualpa solía cantar. De todas maneras, más allá de la circulación irregular de su repertorio y del escaso conocimiento que se tiene de su vida y sus circunstancias, Yupanqui no se ha hecho anónimo, al menos no todavía. Quizás en otro tiempo, sus canciones sean, finalmente, leyenda sin nombre.
(...) A Yupanqui lo pensamos en relación con un paisaje que no es el de la ciudad. Al escucharlo o al leerlo, nos familiarizamos con un país sin luz eléctrica, sin automóviles y profundamente silencioso, con todo el silencio del que son capaces las piedras, cardones, arenas, algarrobos y aromos, los trigales suavemente mecidos por el viento. Pero Yupanqui no fue un paisajista: los sitios de sus canciones no están despoblados. Por ahí andan indios, criollos y gauchos. Cañeros y arrieros, mineros y peones de estancia. ¿O acaso al escucharlo cantar y tocar “Baguala de Amaicha”, “Minero soy” o “Milonga del peón de campo” no estamos ante las voces de los desposeídos de la tierra? ¿No son ellos los que cantan a través de Atahualpa?
Contra una visión rentista de la Argentina, contra ese nacionalismo territorial al que tantos folcloristas cantaron y le siguen cantando, Yupanqui optó por los habitantes expoliados. Prefirió discernir la composición social de su país antes que celebrarlo como una unidad intemporal. En tal sentido, fue agudamente político. En verdad, no defendió esencias sino más bien le cantó a ciertas temporalidades olvidadas, sus “hilachitas del viento”.
(...) “Un poeta no tiene biografía, su vida está en toda su obra.” A Yupanqui le gustaba repetir la máxima, que él decía haber hallado entre sus libros de poesía española. Pero, si la vida está en la obra, entonces el poeta tiene biografía, sólo es cuestión de saber encontrarla, primero en la obra y luego más allá. Encontrar la biografía en lo dicho por Yupanqui, pero también en lo silenciado; en lo que mostró y en lo que ocultó. Encontrarla suelta en libros, discos, cartas, recuerdos de sus amigos, recortes de viejos diarios, anotaciones en las paredes de una cárcel, fotografías borrosas en las que se percibe la modulación de un rostro.
Que Yupanqui ocupe un lugar germinal en el mapa de la música argentina, y que ese lugar esté indisolublemente ligado a una idea determinante de autenticidad, es sin duda una proeza cultural sobre la que vale la pena seguir reflexionando. Porque, ¿cuánto de tradición y cuánto de invención hubo en ese juglar argentino que pareció encarnar como nadie un género en su totalidad? ¿Fue Yupanqui un fiel intérprete de diversos regionalismos arcaicos –que sin su mediación se hubieran perdido irremediablemente–, o agregó de su cosecha marcas bien definidas, finalmente aceptadas por todos como genuinamente folclóricas?
No hace falta recordar que Yupanqui tuvo una vida agitada, impulsada por una compulsión al viaje, a la errancia, a dejar aquello que se había conquistado no sin dificultades a cambio de un sentido gaucho de la libertad. En efecto, el hombre viajó por todo el país y luego por el mundo. A veces perseguido, otras por mera elección. ¿Qué buscaba Yupanqui? ¿Tras qué tesoro intangible se movieron el joven de Pergamino, el hombre de Tucumán y todo el Noroeste, el viejo argentino de París? El poeta se lo preguntaba en “El andar”: “A veces no comprendo / mi rodar por el mundo. / Este medir la tierra y el camino / y el mar... / Esto que siendo simple, / se ha tornado profundo. / Voz que ordena a mi paso: / más allá, más allá...”.
(...) Al comprender a Yupanqui quizá nos adentremos más certeramente en el tumultuoso y contradictorio país que lo ignoró, aplaudió, persiguió, volvió a aplaudir y finalmente glorificó. Yupanqui es un tema inagotable. Nos enfrenta a diferentes épocas y ámbitos de la Argentina, así como a sus rajaduras sociales y políticas. Nos obliga a escuchar, entre el placer y el dolor, aquello que la baguala lamentó al cielo y la milonga meditó de cara al horizonte. Nos vuelve a nosotros, hijos de la modernidad, más viejos, recordándonos que alguna vez fuimos silvestres y nómades. Que tal vez sea cierto aquello de que “el que se larga a los gritos, no escucha su propio canto”.
Fragmentos de
En nombre del folclore.
Biografía de
Atahualpa Yupanqui.

viernes, 18 de mayo de 2012

El que no salta, es Hollande Por Rudy


Por Rudy

Con el triunfo de François Hollande, el mundo empezó a percibir que “otra Francia es posible”. “¿Otra Francia? –dice la ultraderecha–, muy bien, nosotros nos quedamos en ésta, y a los inmigrantes, que los manden a todos a la otra Francia... No, mejor que estén en ésta un rato, hagan todo el trabajo que hay que hacer y después se vayan a la otra a conseguir vivienda, salud, educación y beneficios sociales.”
“¿Otra Francia?”, dicen los artistas... “Uy, entonces Woody Allen va a tener que filmar Medianoche en el Otro París, y hay que ver si Camus, Sartre, Voltaire y Platini nos pertenecen a nosotros o a la otra. ¡Y si se llevan el Louvre?”
“¿Otra Francia? –pregunta Doña Rosa–. Con mi marido el Cholo nunca pudimos ir a la Francia que ya existía, ahora tampoco vamos a poder ir a la otra!”
“¿Otra Francia?”, se preguntan los chefs. “Y en ésa, el plato nacional va a ser la hamburguesa, la salchicha, la banana, el falafel, los ñoquis, ¿o qué?”. “¿Otra Francia?”, se preguntan los polacos. “¡Lo hacen por si alguna vez les llegan a invadir una, les queda la otra.”
“¿Otra Francia?”, se preguntan los alemanes... “Y bueh, mientras ajusten, no nos importa si es una o las dos, pero nosotros ya tuvimos dos Alemanias, y no les conviene, para lo único que está bueno es para tener dos equipos de fútbol en cada Mundial.”
La realidad es que muchos se ilusionan con una Francia socialista, con Liberté, Egalité y Fraternité, y ven en este triunfo un nuevo “Mayo francés”.
Otros dicen, en cambio, “Francia queda en Europa, y Europa queda en Alemania”, donde Economía se dice “Aprétensenajústensenachíquensenolvídensen”
y Doña Merkel, ni lerda ni perezosa, le “marcó la cancha” a Hollande el mismo día de su trémolo triunfal: “El pacto fiscal no me lo tocai, ¿cachai?” (hemos respetado el alemán original de la cita).
Entonces, en este triunfo del socialismo europeo, habrá que ver si en la interna se impone el “socialismo” o el “europeo”. Si el nuevo gobierno francés logra superar –en el mejor sentido del término– al “inolvidable” (no en el mejor sentido del término) Sarkozy. O no. Todo está por verse. O en francés “Tout está pour voirse”.
Nosotros. lector, o lecteur (pronúnciese lectééééér, y no, plis “Lécter”, como el caníbal justiciero de la novela) seguimos atentamente (atontement), y los acompañamos, como siempre, con nuestros chistes.
Hasta la semaná que viené.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Hollande, la contrafigura de Sarkozy Al asumir, François Hollande quiso mostrarse en los antípodas de su predecesor. Designó como primer ministro a Jean-Marc Ayrault, un socialista moderado, hijo de un obrero y conocedor de Alemania.



or Eduardo Febbro
Desde París
François Hollande inició su mandato bajo una racha de contratiempos. La lluvia y el viento acompañaron su recorrido por los Campos Elíseos en un auto descapotable, luego un rayo alcanzó el avión en el que viajaba rumbo a Berlín para encontrarse con la canciller alemana Angela Merkel. Hollande tuvo que volver a tierra, cambiar de avión y una vez en la capital alemana, Merkel y Hollande tropezaron varias veces en la alfombra roja empapada por la lluvia. El viaje del presidente electo a Alemania fue la primera cita de importancia internacional con una interlocutora, Merkel, a quien Hollande hizo frente proponiendo cambiar la política de austeridad que la canciller alemana promueve en toda Europa como poción curativa de la crisis. Por la mañana, durante el discurso que pronunció en la ceremonia de toma de posesión, François Hollande se inscribió en una posición de ruptura con su predecesor, el conservador liberal Nicolas Sarkozy. Sobria, breve, sin la presencia de sus cuatro hijos ni los de su actual compañera, Valérie Trierweiler, la ceremonia de investidura estuvo a años luz del estilo protagonizado por Sarkozy. Hasta en el más mínimo detalle se buscó marcar la diferencia. El jefe del Estado prometió luchar contra todas las discriminaciones e instó a crear “un nuevo camino para Europa”. Todo lo que dijo el líder socialista fue una suerte de negación del sarkozismo. François Hollande prometió un “Estado imparcial” y fijó tres ejes de la democracia como orientación de su mandato: la democracia social –la negociación con los actores sociales–, la democracia local –el incremento de los poderes locales– y la democracia ciudadana –dar lugar a las iniciativas de la sociedad civil–.
Como lo había manifestado durante la campaña electoral, François Hollande hizo de la juventud y de la justicia dos rumbos irrenunciables de su mandato y de la reconfiguración política de Europa una meta esencial. “En Europa nos esperan y nos miran y voy a proponer a mis socios europeos un pacto que una la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”, dijo el presidente. El mandatario no negó los problemas que arrastra el país: “Una deuda masiva, un crecimiento débil, un desempleo elevado, una competitividad degradada, una Europa que sufre para salir de la crisis”. Sin embargo, recalcó que no había “fatalidad”. Un extenso capítulo de una década de presidencias liberales conservadoras se cerró ayer con la investidura de un hombre que llegó a la cima del poder sin que, hasta hace tan solo un año atrás, nadie hubiese ni imaginado ni apostado por verlo un día entrar en el Palacio del Elíseo como presidente de la República. Hollande siempre se presentó como un hombre “normal”, en contrapunto con la espectacularidad de Sarkozy. François Hollande es el séptimo presidente de la Quinta República y el segundo socialista que llega a la jefatura del Estado después de François Mitterrand –1981-1995–. El nuevo jefe del Estado tiene, con todo, una particularidad: es el presidente de la República que asume el cargo siendo soltero. No se casó ni con Ségolène Royal ni con Valérie Trierweiler. La lenta solemnidad de la ceremonia, la mesura de las palabras y la escasa aparatosidad de los actos empezaron a dibujar otro país en la simpleza cruda de las imágenes. En contraste con Nicolas Sarkozy, Hollande subrayó la idea del Estado “ejemplar” y dijo: “Fijaré las prioridades, pero no decidiré todo y por todos. El Parlamento, el gobierno y la Justicia serán independientes. El poder será ejercido con escrupulosa sobriedad. El Estado será imparcial. Defenderé siempre el laicismo y lucharé contra el racismo y el antisemitismo”. El nuevo presidente destacó que el país necesitaba “reconciliación y unión”. La formación del gobierno recién se conocerá este miércoles, pero la designación del primer ministro fue oficializada el mismo día de la investidura. Se trata de Jean-Marc Ayrault, un político moderado, muy conocedor de Alemania, poco conocido por la opinión pública. El jefe de gobierno no es un adepto de la fastuosidad. “No tengo complejos sociales, pero en París me molesta una forma de elitismo y condescendencia”, dijo una vez. Hijo de un padre obrero, Jean-Marc Ayrault es diputado desde 1986, ha sido desde 1987 presidente de la bancada socialista en la Asamblea Nacional y no pertenece a ninguna de las grandes instituciones educativas que forman a las elites del Estado. Allegado de François Hollande, es, a su manera, una suerte de doble en la humildad.
Antes de salir rumbo a Alemania, Hollande anticipó con su discurso los planteos que, a la distancia, formuló en dirección de una Alemania guardiana de la austeridad. “Necesitamos solidaridad, crecimiento, un nuevo pacto para reducir la deuda estimulando nuestras economías y acuerdos comerciales que respeten la reciprocidad”, dijo. El encuentro con Merkel era el primer paso clave del líder socialista. La confrontación que amenazaba las relaciones entre París y Berlín encontró un punto de consenso que barrió con todos los rumores y especulaciones sobre la salida de Grecia del euro. En el curso de la conferencia de prensa que Merkel y Hollande ofrecieron en Berlín, ambos responsables fueron claros: “Queremos que Grecia permanezca en el euro”, dijo Merkel. Ambos no expusieron sus profundas divergencias. Hollande y Merkel dijeron que estaban dispuestos a “reflexionar” sobre medidas a favor del crecimiento –concepto que defiende François Hollande–, pero no fueron más allá. Se hace evidente que la armonía constatada en torno de la crisis griega y la necesidad de que Atenas no se aleje del euro no se tornó consenso cuando se trató del crecimiento. La palabra provoca una mueca de incomodidad en el rostro de Merkel. “Estoy a favor de la seriedad presupuestaria y eso quiere decir estar a favor del crecimiento, porque sin crecimiento, sean cuales fueren nuestros esfuerzos, no alcanzaremos nuestros objetivos”, recalcó Hollande. En este primer encuentro, Merkel y Hollande optaron por el pragmatismo. No hay contrastes entre los dos. Distantes, suaves, muy calmos, tenaces pero sin pose ni apariencias exageradas, ambos parecen compartir, al menos, la misma inclinación por la mesura y la lentitud. La jornada inicial de la presidencia de François Hollande empezó con el presidente empapado hasta los huesos y un rayo que obligó a su avión a aterrizar de urgencia. Día convulsionado, a imagen y semejanza de una Europa sacudida por las turbulencias y las tormentas de los mercados.

MIÉRCOLES, 16 DE MAYO DE 2012 LITERATURA › EL ADIOS A CARLOS FUENTES Lo vivo, lo deforme, lo bello La noticia de su muerte llegó de la manera más inesperada, a pocos días de su visita a la Feria del Libro. Tenía lista la novela Federico en su balcón y ya trabajaba en un nuevo libro.

 Por Silvina Friera
Un pensamiento avanza en espiral y se niega al reposo. A la pantalla mental le cuesta editar la sustitución de un tiempo desterrado por otro ya desaparecido. La estampida del adiós suena como si las ideas pasadas y presentes se movieran y desdibujaran, como los elementos de un paisaje que se desplazan ante los ojos de un caminante. La imagen más reciente que la memoria despliega –antes y después de su reciente presentación en la Feria del Libro– es la de un caballero amable, pasional, inquieto, infatigable. No parecía un anciano octogenario con los achaques de la vejez. El misterio de esa especie de “eterna juventud” estaba en su temperamento entusiasta, en su devoción por la literatura, en ese simulacro de felicidad que le suministraba la escritura. “Cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada”, predicaba con sus mexicanismos a flor de piel. “La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte –dijo el autor de La región más transparente, “el Premio Nobel que no fue”–. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”. Ese día llegó ayer sorpresivamente, sin preludios. Carlos Fuentes, uno de los más destacados narradores mexicanos del siglo XX, autor de una veintena de novelas y acreedor de varios galardones importantes, como el Cervantes y el Príncipe de Asturias, murió a los 83 años en México.
Las trampas de la memoria encienden el asombro, como si trucando imágenes remotas se pudiera mitigar del desconcierto y la pena que por estas horas atraviesan a lectores y lectoras del mundo hispano. Las calles de Buenos Aires, que el narrador transitó hace no más de quince días, conjuraron el recuerdo de su infancia por estos pagos. Quizás el azar sea parte del orden invisible de las cosas. Fuentes, hijo de un diplomático, nació el 11 de noviembre de 1928 en Ciudad de Panamá. Los sucesivos destinos asignados a su padre –Argentina, Chile, Brasil, EE.UU. y otros países iberoamericanos– lo transformaron en una suerte de niño-adolescente itinerante. Pateó avenidas y arrabales porteños por 1943, cuando el ministro de Educación era Martínez Zuviría, el escritor que firmaba como Hugo Wast. “Mira: yo vengo de la escuela pública de Washington, no soporto esto”, le dijo el adolescente Fuentes a su padre. Ni una amnesia galopante ni los analgésicos más poderosos podrían atemperar el fantasma en ciernes de esa “educación fascista” que con tanto ahínco rechazaba el joven. “Tienes toda la razón, tienes 15 años, dedícate a pasear”, le respondió el entonces consejero de la embajada de México. Bastó esa palmadita de su progenitor para que el joven se dedicara a conjugar en todos los modos y tiempos verbales posibles el “yirar” porteño. Durante un año se convirtió en hincha de la orquesta de Aníbal Troilo. Se jactaba, con una sonrisa pícara, que la siguió a todas partes, como a esa vecina casada que lo doblaba en edad –30 años–, y de la que se enamoró. Volver a Buenos Aires –confesaba sin ademán nostálgico– le deparaba la sensación de rejuvenecimiento, como si otra vez tuviera 15 años y lo estuviera esperando la vecinita.
“Recordar el futuro. Imaginar el pasado”, consigna el escritor con economía ejemplar en La gran novela latinoamericana. “Este es un modo de decir que, ya que el pasado es irreversible y el futuro incierto, los hombres y mujeres se quedan sólo con el escenario del ahora si quieren representar el pasado y el futuro. El pasado humano se llama Memoria. El futuro humano se llama Deseo. Ambos confluyen en el presente, donde recordamos, donde anhelamos.” En el escenario de ese pasado “imaginado”, Fuentes leyó por primera vez el Quijote a los 12 años. Y sin embargo, la obra capital de Cervantes no fue el primer encuentro sentimental con la literatura. En Río de Janeiro, otra de las escalas por las obligaciones diplomáticas del padre, el pequeño Fuentes se sentaba en las rodillas del escritor mexicano Alfonso Reyes, embajador de Brasil, quien le aconsejó que estudiara Derecho. Las cartas estaban marcadas. Aunque obedeció la recomendación y se formó en leyes, su radical voluntad por la literatura, ese futuro que entonces era un deseo, se impondría con la fuerza de una certeza sonora y formal de la que nunca se apartaría.
No es una empresa sencilla narrar un país con sus historias y mitologías –más o menos visibles– en la mochila del imaginario; con sus esperanzas y fracasos que calan hasta los huesos. Urgencia juvenil y precoz sabiduría se confabularon cuando aquel joven de 29 años publicó su primera novela, La región más transparente (1958), tan vertiginosa y caótica como innovadora, considerada como el “primer estallido del llamado boom de la Nueva Novela Hispanoamericana”; texto insignia que inscribiría a su autor en la galería de los grandes nombres de la literatura latinoamericana. Cada voz, cada rincón, cada tugurio de la ciudad de México de mediados de la década del ’50 –esa “región más transparente del aire”, alusión-homenaje a Reyes–, con sus enmarañadas texturas, sabores, dicciones y prodigios rompía el velo de ese umbral que nadie se había animado a explorar. Lo vivo, lo deforme, lo bello y desgarrador administraban una espesura que tal vez sólo se reveló completamente cuando se disolvieron los prejuicios. Como suele suceder, abundaron objeciones hacia novela con munición gruesa: por “soez” –quién sabe si en el mejor de los casos–, por “antinacionalista”, sin duda el reparo más peligroso y reprobable. Un puñado de escritores como Julio Cortázar, Salvador Novo, José Lezama Lima y Miguel Angel Asturias, entre otros, no dudó en respaldar la “vapuleada” primera incursión literaria de Fuentes. Ese bautismo de fuego con la ductilidad de las “interpretaciones” fue el anticipo de una cifra. O un precio. Una novela es algo contradictorio y ambiguo.
Por las páginas de esa novela precursora donde lenguaje, temática y estructura son objeto de una radical experimentación, aún se oyen los últimos balazos de la Revolución Mexicana (1910-1917), como lo advirtió la escritora y periodista Elena Poniatwoska, la primera que entrevistó a Fuentes. Semejante alboroto no podía pasar inadvertido. Los lectores más avezados todavía pueden revivir las esquirlas de ese texto intenso y complejo en la profusión de hilvanes y fraseos mexicanos. La publicación de una novela no suele ser un “acontecimiento”. Quizá nunca lo fue, excepto que se quieran pontificar los tiempos idos. Pero algunos libros de Fuentes y de Gabriel García Márquez –unos años después– parecían manchas de aceite que se expandían con el afán de cristalizarse. “Los mexicanos vieron en esta novela un mural muy simbólico y al mismo tiempo muy ceñido al detalle de la mezcla de clases”, explicaba Carlos Monsiváis. “Era una novela muralística con choferes de taxi, prostitutas, figuras de esta sociedad banal y escritores fracasados. Era todo y especialmente la vibración de la ciudad, el ruido de la ciudad.” La mayor proeza que consuma ese libro –como señaló Guillermo Saavedra cuando se presentó una reedición por los cincuenta años– radica en la simultaneidad literal que ofrece al lector. “Por la vía de los constantes cambios de convención narrativa, el lector puede viajar al pasado atávico del México precolombino y regresar al presente tenaz e inmediato de mediados de los ’50; darse de narices con diversos momentos de la prolongada Revolución mexicana para instalarse de pronto en la interioridad febril de la conciencia de un personaje del presente de la novela o en el diálogo casual de unos obreros emborrachándose en un bar de ese mismo presente”, planteaba Saavedra. Ya intuía ese joven escritor mexicano lo que escribiría en uno de sus ensayos: “El tiempo perdido es, como en Proust, un tiempo que uno puede recuperar sólo como un minuto liberado de la sucesión del tiempo”.
De lo que no se pudo “liberar” Fuentes –acaso no quiso o no supo cómo– fue de continuar la estela del mandato paterno. Entre 1950 y 1951 representó a México en Ginebra ante la Organización Internacional del Trabajo. A mediados de esa década creó y dirigió la Revista Mexicana de Literatura (1955-1958) junto con Emmanuel Carballo, y trabajó en el departamento de Relaciones Culturales de Exteriores. Muchos años después, cuando era un autor consagrado, fue catedrático de Literatura en la Universidad de Princeton (Estados Unidos), pero también impartió clases de español y de literatura comparada en otras universidades americanas, como Columbia, Harvard y Pennsylvania. Entre 1975 y 1977 regresó al cuerpo diplomático y fue enviado a París como embajador, pero renunció en protesta por el nombramiento como primer embajador de México en España del ex presidente mexicano Gustavo Díaz Ordaz, uno de los responsables de la masacre de Tlatelolco en octubre de 1968. En una noche helada de esa breve instancia parisina de dos años, el embajador decidió viajar en tren a Praga, junto a Cortázar y García Márquez, para visitar a Milan Kundera. Ninguno pudo pegar un ojo, anonadados por los conocimientos de jazz de los que hizo gala el autor de Rayuela. No fue casual que los dos pilares del “boom latinoamericano” inauguraran en 1994 la Cátedra Julio Cortázar en la Universidad de Guadalajara. Otro placer del que no se liberaría fue el cine. Ese gusto comenzó en la infancia cuando su padre lo llevó a ver el Ciudadano Kane de Orson Welles; años después conocería al español Luis Buñuel, con quien mantuvo una fuerte amistad. De sus incursiones en el cine quedan guiones como Las dos Elenas, Un alma pura, El gallo de oro y Pedro Páramo. El mexicano Paul Leduc y el argentino Luis Puenzo filmaron dos novelas de Fuentes: La cabeza de la hidra (1981) y Gringo viejo (1989).
El autor de novelas como La muerte de Artemio Cruz, Aura, Cambio de piel, Terra nostra y Gringo viejo, por mencionar apenas los títulos más memorables de su amplísima producción, solía profesar su preferencia hacia Quevedo “por su capacidad para nombrar las cosas, por no dejar nada sin nombrar”. Excesivamente prudente a la hora de participar en las reyertas literarias, Fuentes no defenestraba a Góngora; al contrario: decía que era un “buen poeta”. Pero Quevedo –opinaba– tenía “la particularidad de ampliar la referencia lingüística”, como lo hicieron los grandes satíricos. Si algunas voces protestaron contra el canon de lecturas personales que el mexicano articuló a través de su último ensayo publicado, La gran novela latinoamericana, y subrayaron la omisión de Roberto Bolaño, él esgrimía que todavía no lo había leído. Prometió que lo haría. Esa lectura será una cuenta pendiente, aunque no la única. Había terminado Federico en su balcón, que presentaría en noviembre en la Feria de Guadalajara y ahora saldrá póstumamente, y ya andaba con la mente en otra novela, El baile del Centenario. “Tengo ya muchos capítulos, notas y personajes. Hay una mujer que me interesa mucho, que no quiere decir nada de su pasado y se va descubriendo poco a poco, hasta que llega al mar y se libera”, anticipó en una de las últimas entrevistas que dio en Buenos Aires.
La narrativa del mexicano podría agruparse en torno de una gran “comedia humana” con el nombre de la Edad del Tiempo. En Terra nostra, con una flexibilidad inapelable y de una manera audaz, cifra la historia de los inicios mexicanos, como una biblioteca que abreva en múltiples textos para imaginar el choque de dos mundos opuestos y complementarios. Si cultivaba una obsesión, fue la de establecer continuidades más que rupturas. Fuentes comprendió como pocos la soledad íntima e incomunicable a la que el hombre está confinado, aparentemente sin remedio. Y representó como pocos esa tierra pródiga en promesas de la literatura latinoamericana. Ahora quedan los recuerdos de sus mejores páginas. Como los recuerdos de un sueño.

lunes, 14 de mayo de 2012

Cronistas aztecas en la mira de los narcos

Regina Martínez, redactora de la revista Proceso, fue la última víctima de una ofensiva de los carteles de la droga contra la prensa mexicana.
El cuerpo de Regina Martínez, macerado a golpes y tendido en el baño de su casa, revelaba en cada moretón la furia vengativa de sus autores que culminaron la obra con el estrangulamiento de la periodista de la revista Proceso. Como una señal macabra hacia aquellos que se dedican a contar la tragedia de México con nombre y apellido.
“Era más bien tímida, siempre cargaba su grabadora, una libreta con pluma negra y de vez en vez se acomodaba los lentes como un tic cuando estaba muy concentrada en entrevista (...)”, fue el relato que por esos días de finales de abril eligió la escritora mexicana Lydia Cacho para recordar a Martínez. Aún si resaltar de la media entre los cronistas aztecas, la articulista de Proceso cumplía su tarea en un ámbito conflictivo en el que los intereses criminales y políticos suelen fundirse sin empacho. Sus compañeros apuntan sus sospechas a la corrupción de los funcionarios estatales y sus vínculos con los narcotraficantes, difícil de ocultar ante la opinión pública. Sobre todo cuando la tónica de los artículos de Regina Martínez iban en esa dirección e incomodaban al poder y al delito en la misma medida. “Detienen en Veracruz a nueve policías vinculados con el narco” y “Capturan en Veracruz a la Comandante Tere, presunta jefa de sicarios” fueron sus últimos reportajes, pero se cree que su asesinato es un mensaje que apunta más arriba. De hecho, Rafael Rodríguez, director del semanario al que reportaba Martínez, abonó esa presunción al recordar que “en la edición 1.849 de Proceso, y con el título ‘Dos regresos peligrosos’, se denunció la reaparición de dos ex funcionarios de los tres últimos gobiernos priistas señalados como corresponsables en la crisis de seguridad y el auge del crimen organizado en Veracruz”, quienes ahora aparecen como candidatos a diputados federales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Xalapa, acompañando al aspirante presidencial Enrique Peña Nieto. Rodríguez imputó a la censura oficial el hecho de que “desaparecieran” cerca de 3.000 ejemplares de ese número el 8 de abril, 20 días antes de la muerte de Regina, a la que se deben agregar la de los fotógrafos del mismo medio Gabriel Huge Córdova, Guillermo Luna Varela y Esteban Rodríguez, cuyos cuerpos aparecieron desmembrados y en bolsas de residuos.
La capital veracruzana, no escapa a las generales de todo el país en cuanto al accionar de las bandas del crimen organizado y tampoco a la guerra declarada por el presidente Felipe Calderón para combatirlas con las Fuerzas Armadas a tiro limpio. Este Estado, ubicado sobre el Golfo de México, es el territorio de uno de los mayores enfrentamientos por el negocio de la droga. Allí Los Zetas y la Federación del Pacífico, una confluencia de carteles liderada por Joaquín El Chapo Guzmán, no ahorran balas a la hora de la disputa por el control del narcotráfico y los sicarios de ambos cumplen con precisa crueldad cada una de las ejecuciones ordenadas. Según un informe de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), publicado por el diario El Universal, señala que la “Federación tiene bajo su control la mayor parte de los corredores geográficos que utilizan los carteles mexicanos para traficar la droga hacia Estados Unidos: el corredor Pacífico, Península de Yucatán y algunos puntos fronterizos”.
La estrategia del gobierno federal para combatir a los narcos ya no sólo contabiliza unos 60 mil muertos desde el 2006, entre delincuentes abatidos, efectivos de seguridad e inocentes víctimas “colaterales”, también suma a esa sangriento recuento los episodios oscuros de las desapariciones, entre las que destacan los trabajadores de prensa porque su fin es el silencio informativo. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos al menos “77 periodistas han sido asesinados desde 2000”. Sobre esta cifra, Eileen Truax, delHuffington Post (Estados Unidos), indica que un gran número de las muertes deben cargarse a cuenta del sexenio de Calderón en el que “han sido asesinados en promedio 10 periodistas por año”. Por su parte, la organización Reporteros Sin Fronteras ubicó a Veracruz entre la decena de sitios más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, junto con Egipto, Libia, Siria y Costa de Marfil.
Es que “cuando un cartel impone su ley en una región es difícil demostrar hasta donde alcanzan sus tentáculos. Pero cuando la prensa se calla, nos grita el fracaso del Estado”, concluye, desde el D.F., Majo Siscar, columnista de Periodismo Humano.

Entrevista. Benigno López. Referente del frente nacional campesino

Pequeño productor, trabajador de la tierra, una persona que mediante sus manos y fuerza siembra y cosecha, cuida la tierra y la naturaleza que le da los productos, frutos para su subsistencia, y también para vender y comprar lo que la tierra no le puede dar en forma directa. Pero, ¿cuál es el significado más profundo para este actor social que sigue estando del lado más desigual en la lucha por la tierra que trabaja y conoce desde que nació? “Es el pedazo de territorio donde él y ellos tienen soberanía, ahí piensan, ahí sufren, ahí se alegran, ahí sueñan y tienen esperanzas. Los campesinos se aferran a su pedazo de tierra, su patria chiquita, porque les da identidad, cierta autonomía y les genera esperanzas, a pesar de las malas campañas agrícolas, malos precios, sequías e inundaciones”, cuenta López.
–¿Y por qué siguen eligiendo esa tarea?
–La historia y la cultura de esas familias campesinas hacen una identidad: tienen pasado, presente y sueñan con el futuro. Particularmente, la cultura campesina del noreste y noroeste está muy aferrada a la tierra. Son trabajadores que cuando pierden la tierra se convierten en desarraigados, y se sienten un poco derrotados, como exiliados en su país. Un sentimiento común del campesinado en la Argentina es que su producción no es valorada, no es tenida en cuenta como corresponde por las autoridades. Normalmente los precios que se pagan por los productos son irrisorios y se ve cómo se invierte desde el propio Estado en los agronegocios. Por ese lado, los campesinos siguen postergados.
–¿Cómo es la respuesta de los hijos del campesino actual?
–Para los hijos, la producción campesina hoy no es rentable, por eso buscan alternativas para vivir o progresar. Aparte, ser joven campesino es pertenecer a la clase social, más baja según los criterios locales. Pero muchos campesinos están decididos a seguir la lucha hasta el final. Otros cuantos ya decidieron renunciar. Puede sonar a exageración pero muchos van por “vencer o morir”. Otros tantos van al pueblo a extrañar el campo.
–¿Qué controles reales existen en el campo?
–En materia de precios, en el Chaco no hay controles de parte del Estado. En lo que respecta a fumigaciones y contaminación por agrotóxicos, hace poco tiempo la Legislatura provincial aprobó una ley para reglamentar ese tema. Pero sabemos que no tiene mayor respuesta si no existe, como en todos los temas, una fuerte presión por parte de los damnificados.
–¿Se puede lograr un modelo que también los incluya?
–Claro, porque el tema de la competencia en producción es bastante sencillo. Las claves son garantizar volumen, calidad y continuidad para las demandas de los diferentes mercados. Los campesinos organizados en empresas sociales podrían lograrlo en el breve tiempo, sólo hace falta acompañamiento para la producción en escala, la gestión de una empresa social, apoyo económico y la comercialización, que sería directa al consumidor

Banquineros, o cuando el campo produce exclusión en el siglo XXI

Llamados así porque duermen en las banquinas de las rutas chaqueñas y santiagueñas, fueron echados por el avance de los grandes pooles de siembra que los dejaron sin tierras y sin agua potable debido al uso de agrotóxicos.
El viaje comienza el 17, día mundial de la lucha campesina, en conmemoración de los 19 brasileños del Movimiento Sin Tierra (MST) que en 1996 fueron asesinados mientras reclamaban y defendían su derecho a la tierra y a la producción de alimentos. El camino desde Santiago del Estero a Tres Isletas, Chaco, es lento. Saliendo de madrugada, se llega recién al mediodía, cuando el sol, sin exageraciones de por medio, calcina. Los 30 metros entre la banquina y el comienzo de una hectárea de soja de propiedad privada también están sembrados con soja. Al costado de la ruta se ven avionetas prontas a salir desde un pequeño hangar que publicita en letras enormes “Aeroaplicaciones”; también mansiones en construcción, propiedad –según cuentan los vecinos– de los grandes productores chaqueños, responsables de sembrar arroz, soja, maíz y sorgo transgénicos.
Durante el trayecto, Juan Carlos Tato Figueredo, del Instituto de Cultura Popular (Incupo), recuerda constantemente la lucha de Zenón Ledesma, el primer presidente del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), y la del sacerdote Roberto Kilmate, sobreviviente de la masacre de los curas palotinos, durante la última dictadura militar. “Ellos iniciaron el camino de la lucha en Los Juríes en 1985, cuando 400 familias que ocupaban 120.000 hectáreas, al igual que sus antepasados indígenas, ‘los juríes’, resistieran la nueva Conquista del Desierto.” Roberto, acompañado por integrantes de Incupo, fue el que ayudó a los campesinos a organizarse y a resistir peleas, tiros y topadoras. La reapertura de la desmotadora de algodón, la participación comunitaria y el asesoramiento constante del Inta (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) posibilitó a los campesinos formar la Cooperativa Agropecuaria Unión Campesina: del productor al consumidor.
“Hay tres tipos de problemas en este campo, que nos afectan a todos: territoriales, ambientales y sociales. La falta de control a las grandes producciones está desplazando los cultivos tradicionales de los pequeños productores, como el algodón, maíz, girasol, trigo y caña de azúcar, y continúan los desmontes ilegales y los incendios intencionales”, cuenta Oscar Gamarra, presidente de la Unión de Pequeños Productores del Chaco (Unpeproch), organización que tiene 25 años de existencia, que representa a 750 familias y que ha recuperado unas 20.000 hectáreas con título de propiedad para las familias que hace más de 20 años que trabajan la tierra.
Son estos campesinos los que aseguran: “Sentimos que no pertenecemos a este país, que no tenemos derechos. No podemos tomar agua, hasta nos están quitando ese derecho. Pero nuestra permanencia y resistencia continúa. Se dice ‘no más al desalojo’‘ y los jueces siguen dictándolos. Lamentablemente, todavía no se está contemplando a los pequeños productores, y por eso luchamos, para que se definan mejores políticas para los campesinos”.
Según el observatorio de la Red Agroforestal Chaco Argentina (Redaf), los conflictos por la propiedad de la tierra suman casi 3 millones de hectáreas, y afectan directamente a 18 mil familias, que equivalen a 128 mil personas.
Abel es de Raíz Chaqueña, un pueblo que queda a 60 kilómetros de Pampa del Infierno y el que más sufre la contaminación. “Allá no hace falta analizar el agua, con probarla ustedes solos se van a dar cuenta.” Él se animó a hacer una denuncia pública en un diario local. “Empezaron a morir todos los peces que había en las cunetas al mismo tiempo que empezaron las fumigaciones aéreas sobre las grandes plantaciones de algodón que rodean mi tierra. Campo adentro empezamos a encontrar cadáveres de víboras y sapos, y el agua que tomábamos, que ahora te mata hasta por el olor.” Abel recurrió a la Justicia y llegó a ir a juicio con el productor, pero la sentencia no fue favorable: el responsable se justificó señalando al peón, y el peón se justificó diciendo que no sabía leer y que confundió, mezcló y sobredosificó las plantaciones con los diferentes venenos. “Siempre es lo mismo, ya van más de 20 juicios que perdemos por ese invento. Y vas viendo cómo muere todo el pasto, cómo con la lluvia y la humedad el veneno se distribuye, cómo flotan las latas de veneno en los canales de donde nosotros tomamos agua.” La denuncia también incluía a los médicos de los hospitales llenos de casos de infecciones urinarias, cáncer en los riñones, abortos. “Pero la mayoría de los médicos también están en eso, hasta participan en los pooles de siembra. Colaboraron a que le echen cloro al agua, pero no duró más de una semana. Ahora seguimos sin poder tomarla.”
Los reclamos en común de los campesinos del Chaco van desde los desalojos sistemáticos que sufren desde el ’83, los informes de contaminación que debía presentar la provincia y se “perdieron” en el camino, la quema de tierras con agrotóxicos que la dejan inservible, y la ausencia de un lugar para hacer este tipo de denuncias. “Si vas a la policía, te toman una declaración y queda ahí. O a veces, cuando volvés, te dicen que la perdieron. Sumado a que se sancionó la Ley de Biocidas y no se respeta.” En Chaco, la norma 3378 obliga a no fumigar a menos de 1 kilómetro de zonas pobladas, y establece que existan diferentes controles sobre el manejo, almacenaje y uso de los agroquímicos. Datos de la Redaf advierten que el consumo de glifosato por hectárea aumenta en la misma parcela año a año, por la resistencia que van adquiriendo las malezas. Por ejemplo, en 1996 se comenzó fumigando con menos de dos litros por hectárea, y hoy existen zonas que están por arriba de los 10 litros por hectárea.
“Acá nadie está instruido sobre la ley ambiental: la policía toma la denuncia pero no sirve. Y siempre termina quedando el reclamo de un lado y la gente que dice que la promulgó del otro”, afirma Hugo Celusalsky, vicepresidente de la Unpeproch. “Antes, en un pozo de 30 metros de profundidad conseguías agua buena, ahora recién a los 50, y eso es por causa de la sobresiembra: se cosecha soja, después plantas de girasol, y después se vuelve a plantar soja. Eso provocó que una hectárea que hace 10 años salía 350 pesos, ahora cueste de 3.000 a 7.000; y también les quitó el trabajo a los cosecheros de algodón, que antes eran 30 personas durante todo el año, y ahora con la llegada de los camiones son sólo tres o cuatro personas trabajando.”
Otro de los problemas recae sobre los hijos de los campesinos que quieren quedarse en el campo y que no tienen tierras porque algunos las fueron vendiendo para irse al pueblo. “Tendría que haber una respuesta para el que quiera vender. El gobierno provincial podría reconocerle las mejoras que haya hecho durante los años que trabajó la tierra y dejársela a otra persona para que la continúe”, piensa Celusalsky en voz alta. Las cincuenta personas que lo rodean asienten.
Matías tiene 17 años, cursa el último grado de la primaria y es banquinero. “Somos familias que vivimos al costado de la ruta”, cuenta. Sólo 300 familias son del departamento General San Martín, y no tienen luz ni agua. Muchos de ellos fueron expulsados mediante la fuerza del pedazo de tierra en el que nacieron; otros trabajaban en estancias, pero cuando dejaron de ser útiles para la cosecha perdieron hasta la casa. Y todos fueron a parar allí. Es el caso de Francisco, que era peón e hijo de campesinos. “No tuve miedo de venir a probar otra vez al propio campo”, cuenta. “Depende de la ruta, hay algunas banquinas que tienen 30 metros de lugar, otras 50 y otras 100, y con todo ese espacio libre se pueden hacer chacras, criar animales, plantar cualquier cosa.” También hay familias de jóvenes, con dos o tres hijos, otros con suegros, cuñados en un espacio muy chico.
Hace más de 10 años se creó una Mesa de Tierras conformada por banquineros y organizaciones que los apoyan. Pedían un pedazo de tierra para tener lo mismo que tienen en las banquinas, pero sin correr todos los peligros que vivir ahí implica. “Durante 10 años nos dijeron que no tenían ni un metro cuadrado para darnos, que no existían tierras fiscales.” Recién en 2009, el Estado provincial compró tierras a través de una Ley de Expropiación. Ese mismo año, pudieron construir una escuela, a la que asiste Matías y más de 200 jóvenes además de él. Ahora quieren conseguir una escuela secundaria. “Somos jóvenes de 17 años que pensamos en el futuro, en nuestros hijos y en lo que queremos dejarles. Pero, por sobre todo, transmitirles el derecho que todos tenemos de defender nuestra tierra y a nuestros compañeros.”
Patricia y Gabriela tienen 13 y 15 años. Viven casi en el límite con Formosa, a tres horas de distancia de la escuela número 2, más conocida como “La agrícola”, que existe desde hace cinco años. “Está bien campo adentro”, cuentan, y comienzan a hablar hasta por los codos. Van cada 15 días, pero se quedan 15 días al mes. “Nos vamos turnando: primero van los de 1° y 2° grado, los otros 15 días van los de 3°, 4° y 5°; ahí nos bañamos todos los días, dormimos, cocinamos, nos vamos turnando.” Allí aprendieron a hacer pan, facturas para el desayuno, salsas para los fideos y el arroz. Además de las materias comunes a cualquier escuela, la Agrícola enseña a armar y cuidar una huerta y animales, que luego serán consumidos por ellos. Patricia está en primero, Gabriela en segundo. Su papá, Aldo, casi no habla, sólo mueve las manos constantemente como una especie de mago que hace aparecer hierbas de todo tipo y para toda dolencia. Recién pudo darles para pagar los viajes a la escuela cuando recuperó algo de su campo que había sido quemado con agrotóxicos. Sin embargo, el campo de su vecino quedó inservible y ahora, además de vender esos remedios naturales, cosecha alfalfa para él.
Entre tantas voces masculinas, las mujeres no se quedan atrás. Son cincuenta representantes campesinos y 20 son mujeres. Pero aclaran: “No hay una organización aparte. Estamos todos juntos, si no no vamos a poder organizar nada separados”.
Los grandes silencios y las pausas al hablar son la característica principal. Hablar, tocarse una mano con la otra como si se estuvieran lavando las manos con agua imaginaria, también. Queda una pregunta en el aire que alguien hace, pero nadie contesta, aunque no hay uno que no se quede pensando: “¿Qué nos depara el futuro?”.

Todo el poder a la voluntad

Igualdad y respeto en el siglo XXI. La sanción de las leyes de Identidad de Género y Muerte Digna ubicó al Congreso a la altura de los avances que viene dando la sociedad. Qué dicen y qué modificaciones concretas plantean las nuevas normas.
Algunas cuentas pendientes legislativas del año pasado quedaron saldadas. Las leyes de Muerte digna y de Identidad de género son un hecho. Y muchos sectores que militan desde hace años por avanzar en su ampliación de derechos festejaron en las calles cercanas al Congreso Nacional. Sin embargo, ¿qué significan exactamente cada una de las flamantes normas?
El primer proyecto de ley sobre identidad de género fue presentado en 2007, pero no logró su discusión hasta mediados de 2010, cuando se aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario. “Esto generó que el Congreso se abriera a debatir estos temas. Es por eso que de las cinco iniciativas que había, consensuamos un texto que contenía a todas”, cuenta a Miradas al Sur Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (Falgbt). “Desde agosto, hemos logrado poner el debate en comisiones; ahora es una realidad”, agrega con felicidad.
El alcance de la norma reconoce el derecho de toda persona a solicitar la rectificación de su nombre y sexo registral, de manera gratuita. Esto implica la generación de un nuevo DNI que respeta el número de documento y el apellido de la persona, pero adaptando el nombre de pila al género que solicita la persona. Sin burocracia de por medio, ahora la persona que quiera cambiar su nombre no deberá acudir a la justicia, sino al Registro Civil. Cabe destacar que los trámites son gratuitos y no requieren la intermediación de ningún gestor o abogado.
Es el artículo dos el que garantiza que “se entiende por Identidad de Género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”, que además contempla la modificación en los aspectos físicos, ya sea por tratamientos hormonales o intervenciones quirúrgicas.
Otro punto es el reconocimiento al acceso integral a la salud del colectivo Trans, que brinda la posibilidad de someterse a una operación de reasignación de sexo en cualquiera de los hospitales públicos del país. El artículo 11 contempla los tratamientos quirúrgicos u hormonales para adecuar su cuerpo, incluso su genitalidad, según se lo autoperciba. Asimismo, “todas las prestaciones de salud quedan incluidas en el Plan Médico Obligatorio, o el que lo reemplace, conforme lo reglamente la autoridad de aplicación”. Aunque ese apartado se convirtió en una de las leves resistencias, debido al costo económico que deben emprender las prestaciones privadas de salud.
Tras dos horas y diez minutos de debate, 55 votos a favor y una abstención fue el resultado. Los senadores de todos los partidos políticos se hicieron escuchar: “Establecer a partir de una ley la vía administrativa para la rectificación registral del sexo y cambio de nombre en los documentos de identidad, es el primer paso para empezar a revertir esta realidad de discriminación y violación constante de los derechos humanos por razón de identidad de género, y como dice la Falgbt ‘el derecho a ser’”, aseguró desde el Partido Socialista Rubén Giustiniani. Por su parte, la senadora del PJ Sonia Escudero sostuvo: “No es una condición que se exija para el cambio de nombre en el DNI el someterse a algún tratamiento. Si esa persona está cubierta por una obra social, me parece muy bien que lo cubra. Si consideramos que son 22 mil personas que integran este colectivo no estamos hablando de una gran incidencia en los costos de la salud privada”.
Esto viene a reconocer derechos, y a otorgar derechos a personas o colectivos de la sociedad que antes no los tenían, sin haber quitado un ápice de derecho a otras personas”, indicaron a través de un comunicado desde el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), quienes destinaron, desde el miércoles pasado, un departamento específico y una línea gratuita funcionando las 24 horas:             0800-999-2345      .
“El servicio de información y sensibilización que suma desde hoy a sus tareas habituales constituye el inicio de una campaña nacional para promover los cambios sustantivos que conlleva esta ley destinada a la población trans –travestis, transexuales y transgéneros– en Argentina”, aseguraron desde ese organismo.
“Con este paso, Argentina inicia el proceso de reparación histórica y democrática con toda la población trans del país. A nivel internacional este proyecto despierta muchas expectativas, ya que se transforma en una de las leyes que aborda esta temática más progresista y de vanguardia, y se convierte en referente para el movimiento trans de todo el mundo”, aseguró el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género.
Muerte digna por unanimidad. La otra ley que se votó esta semana modifica varios puntos sobre Derechos del Paciente, otorgándoles a las personas internadas por enfermedades terminales el derecho a rechazar procedimientos de prolongación de la vida cuando le produzcan un sufrimiento significativo. Además, garantiza al paciente tener toda la información sobre su patología.
La norma establece que “el paciente que presente una enfermedad irreversible o se encuentre en estado terminal tiene el derecho de manifestar su voluntad en cuanto al rechazo de procedimientos quirúrgicos, de reanimación artificial o al retiro de medidas de soporte vital cuando sean desproporcionadas en relación con la perspectiva de mejoría o produzcan un sufrimiento desmesurado”. También afirma que el paciente podrá rechazar procedimientos de hidratación o alimentación cuando los mismos produzcan como único efecto la prolongación en el tiempo de ese estado terminal irreversible o incurable.
La iniciativa garantiza que el paciente –o sus representantes legales, en caso de que el internado no pueda manifestarse– tenga la facultad de expresarse luego de recibir por parte del médico interviniente “información clara, precisa y adecuada”.
La nueva norma explicita el criterio de “directiva anticipada”, por la cual el paciente podrá consentir o rechazar anticipadamente determinados tratamientos médicos, preventivos o paliativos, y decisiones relativas a su salud, aunque deberá hacerlo ante escribano público y con dos testigos.
La ley introduce además una cláusula de obligatoriedad que determina que “toda actuación profesional en el ámbito médico-sanitario, sea público o privado, requiere el previo consentimiento informado del paciente”.
Y, beneficiando la relación médico-paciente aclara que “ningún profesional interviniente que haya obrado de acuerdo con las disposiciones de la presente ley está sujeto a responsabilidad civil, penal, ni administrativa derivadas del cumplimiento de la misma”.
Selva Herbón, mamá de Camila, una niña de tres años que se encuentra en estado vegetativo, se mostró conforme con la decisión que impulsa desde el nacimiento de su hija, y que marcó el comienzo de la modificación de la ley. Herbón busca el retiro del soporte vital, que permite respirar y alimentarse, a su hija. Ahora muchas de las personas que nazcan con estos problemas podrán evitar los padecimientos del llamado “encarnizamiento médico”.

domingo, 6 de mayo de 2012

06.05.2012 | 00:01 | Elecciones en Francia: Sarkozy reconoció la derrota El actual mandatario admitió que Hollande es el triunfador y le deseó "buena suerte". Según todos los sondeos que se dieron a conocer ni bien se cerró el comicio, el socialista ganó claramente.


En una confirmación de lo que marcaban todas las encuestas, Nicolas Sarkozy admitió su derrota frente a Hollande apenas unos minutos después de cerrada la votación en Francia. El líder conservador deseó "buena suerte" al socialista y señaló: "Nunca seré como los que nos han combatido. Francois Hollande es el presidente de Francia y debe ser respetado".
Según los sondeos dados a conocer apenas cerrada la votación, el candidato socialista François Hollande se consagraría en las elecciones francesas que se desarrollaron durante la jornada de hoy. A las 18 hora local (13 de Argentina) comenzaron a cerrar los colegios electorales de distritos más pequeños, mientras que las grandes ciudades lo hicieron las 19 y las 20 (14 y 15 de Argentina).  El periódico La Tribune de Ginebra, Suiza, ya daba desde temprano como ganador al candidato socialista con entre el 52,5% y 53,5%, citando a la encuestada francesa Ifop, mientras que el francés Le Monde debió esperar hasta el cierre definitivo de las mesas, y difundió una encuesta de Ipsos que establece los números en 51,9 a 48,1 por ciento, todo esto a la espera de los resultados oficiales.
De ganar, Hollande se convertirá en el segundo presidente de izquierda en la historia moderna de Francia, luego del mandato de François Miterrand, entre 1981 y 1995.
 
Los 17 países que utilizan el euro como moneda y los 27 que conforman la Unión Europea (UE) siguen de cerca la elección gala, pues de concretarse la anunciada victoria de Hollande este será una alternativa a la política de ajuste y austeridad para enfrentarse a la crisis económica impulsada por la Jefa del Estado alemán, Angela Merkel y el propio Sarkozy.
 
Sarkozy que amenazó con volver a realizar controles migratorios en las fronteras, criticó el rol de la UE y al Banco Central Europeo (BCE) durante la crisis y aseguró que de ganar el socialismo, "Francia terminará como la España de Rodríguez Zapatero", en alusión al socialista ex jefe de gobierno español.
 
La elección comenzó el viernes por la mañana en los territorios franceses de ultramar y en los consulados de toda América, para que por la diferencia horaria los residentes franceses puedan votar sin conocer el resultado.
 
En total, casi 46 millones de franceses están habilitados para votar hoy entre las 8 y las 18 horas, hasta las 20 en las grandes ciudades. Se estima que la participación rondará el 80%, un alto porcentaje teniendo en cuenta que el voto no es obligatorio y que la elección tiene lugar durante las vacaciones escolares de primavera.
 
Los medios de comunicación darán a conocer resultados de boca de urna a las 20, pero como en la primera vuelta, medios de Bélgica y Suiza anunciarán los resultados desde las 18 en sus páginas web, amparadas en no tener que acatar la ley francesa.
 
"Deseo una victoria amplia, clara para de ser investido por el sufragio universal, poder contar con todas las capacidades y formas de reaccionar. No den lugar a una victoria apretada que presentará dificultades desde el día después del escrutinio", lanzó el viernes Hollande ante sus seguidores en el suroeste de Francia.
 
Por su parte, Sarkozy dijo sentir una fuerte movilización popular en su favor y aseguró que "una sorpresa tendrá lugar el domingo por la noche", y se posicionó como una "victima" de los medios de comunicación y atacó con dureza a la prensa.
 
"¿Quiénes son los periodistas para impedirme hablar con los 6,4 millones de electores de Marine Le Pen? No puedo aceptarlo, eso es una forma de racismo e intolerancia", dijo el presidente y antes de la veda denunció la existencia de un "sistema político-mediático" en su contra.
 
En los dos últimos actos de Sarkozy, en París y Toulon, varios periodistas franceses fueron agredidos, física y verbalmente, por los simpatizantes del presidente, según denunciaron los medios galos, quienes criticaron el tono del mandatario hacia los comunicadores.
 
En la primera vuelta del 22 de abril pasado, Hollande fue el ganador con el 28,63%, mientras que Sarkozy quedó segundo con el 27,18% una diferencia de 560.000 votos.
 
Ninguno de los ocho candidatos eliminados llamó a votar por Sarkozy, cinco lo hicieron por Hollande y tres votarán en blanco, entre ellos la ultraderechista Marine Le Pen.
 
Tercera con el 17,9% de los votos, se colocó la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional (FN), cuarto el Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon con el 11,1% y quinto el centrista François Bayrou, del Movimiento Democrático (MoDem) con el 9,1%.
 
Ninguno de los ocho candidatos eliminados llamó a votar por Sarkozy, cinco lo hicieron por Hollande y tres votarán en blanco, entre ellos la ultraderechista Marine Le Pen.
 
Casi la totalidad de los electores de extrema izquierda y ecologistas (90%) votarán por Hollande, por eso serán los votantes de extrema derecha y de centro quienes decidirán la elección. Sarkozy necesita obtener la mayor parte del voto de ultraderecha.
 
No obstante, sólo el 60% de los electores del FN dijo que votará por él, el resto lo hará por Hollande para buscar la implosión del principal partido conservador, la Unión por una Mayoría Popular (UMP) y lograr que Le Pen se convierta en la principal cara de la oposición al socialismo.
 
A diferencia de Hollande, que comenzó su campaña en marzo 2011, el presidente desplegó una expeditiva campaña de dos meses antes de la primera vuelta con un discurso netamente orientado al electorado de derecha, donde sobresalió su tono nacionalista frente a la crisis económica europea y la inmigración remarcando las raíces culturales francesas frente al multiculturalismo.
 
Como en la primera vuelta, Hollande votará y permanecerá en Tulle, en su región natal de Correze (centro), donde brindará un discurso después de conocer los resultados. En caso de victoria se trasladará a París para la celebración que tendrá lugar en la sede parisina del PS. Mientras Sarkozy sufragará en París y su partido no anunció la programación de ningún acto hasta el momento.
 
De perder, Sarkozy, quien reiteró en numerosas oportunidades que dejará la política, se convertiría en el presidente más efímero en la V Republica francesa, pues sólo el conservador Valéry Giscard d`Estaing no logró ser reelecto en 1981, pero en ese entonces los periodos presidenciales eran de siete años y no cinco como lo determinó el referendo del 2000.
 
La ceremonia de traspaso de poder tendrá lugar el 15 de mayo, pero ni bien termine la elección, los partidos continuarán en campaña para las elecciones legislativas del 10 y 17 de junio, donde los franceses deberán votaran para renovar los 577 diputados. La elección senatorial tuvo lugar en 2011.

La culpa la tuvo García El creador de Crónica acaba de publicar su nueva autobiografía, un virtual manual sobre el periodismo argentino en el que aporta datos inéditos sobre su enfrentamiento con el Grupo Clarín, el caso Papel Prensa, su secuestro en manos del ERP y su participación en el Operativo Cóndor en Malvinas. “Les dije ‘no’ a los militares, a López Rega y a Magnetto”, afirma.



Cuando comenzó Tiempo Argentino se pensó en rendir homenaje a los “próceres” del periodismo argentino con una docena de enormes fotografías que decorarían la flamante redacción. Héctor Ricardo García fue uno de los “maestros” elegidos, en el que quizás haya sido uno de los más justos reconocimientos para el legendario fundador del diario Crónica. Porque “El Gallego” hoy puede ser elogiado por todo lo que hizo, pero lo más importante es que, a los 79 años, sigue siendo un laburante que se apasiona por una buena noticia como el primer día. Y eso no es poco.
Reacio a dar entrevistas, la excusa de esta charla “on the record” fue la publicación de La culpa la tuve yo, una suerte de autobiografía ampliada de su anterior libro Cien veces me quisieron matar.  “Lo que pasa es que todavía tengo muchas cosas para decir”, se justifica García al explicar este nuevo repaso de su vida, en el que incluye datos inédicos sobre su histórico enfrentamiento con Clarín, la guerra que le hicieron desde Papel Prensa, el Operativo Cóndor y cómo lo golpearon los soldados ingleses en Malvinas, y el día que lo secuestró el ERP y tuvo que escapar de los militares por Santucho.
 
–¿Por qué te echás la culpa por todo lo que te pasó?
–El libro iba a llevar el nombre de lo que al final fue el subtítulo: Militares, ERP, López Rega y AFIP. A la AFIP la incluí por la causa que me inventaron hace siete años y en la que ahora terminé absuelto. Pero después le cambié el título porque quise explicar que me pasaron muchas cosas por no haber hecho nunca relaciones públicas, por no ser dócil con los militares, los gobiernos y el ERP. Es decir, la culpa la tuve yo porque siempre me cagué en todo y nunca me perdonaron que tuviera tanto éxito.
–Después de haber estado preso con los militares, ¿te sorprendió la detención de 2005 por el caso vinculado a la AFIP y al pago de impuestos?
–Fui el único periodista de la Argentina detenido por una causa así. Estuve ocho meses preso y la verdad es que no la pasé bien, a pesar de que me vinieron a visitar muchos políticos, amigos y gente del espectáculo. No sé por qué estuve detenido. Entre las mil versiones que circularon, una decía que fue un pedido de Clarín. No lo sé, pero si fue así sería la tercera vez que hicieron todo para perjudicarme.
–¿Cuáles fueron las anteriores?
–La pelea con Clarín es vieja. Empezó con el tema de Papel Prensa y siguió cuando Spadone (Carlos, ex dueño de La Razón) le vende el 75% de las acciones del diario a Héctor Magnetto para sacar 240 mil ejemplares gratis a la tarde. Vos estabas en el diario, así que te acordarás que eso nos mató porque en aquella época la 5ª y 6ª edición vendían muy bien. Y con La Razón gratis nos reventaron los vespertinos. Por eso, mi nuevo libro tiene un sentido: decirle a la gente cómo un diario puede matar a otro diario.
–Recién mencionaste Papel Prensa, ¿cómo hiciste para mantener Crónica en los kioscos cuando el papel, principal insumo de la prensa gráfica, era manejado por la competencia?
–Me acuerdo que a nosotros nos daban 2000 toneladas de papel por mes y, de repente, nos bajaron a 300. No nos alcanzaba para nada, teniendo en cuenta que en aquella época Crónica vendía un promedio de 500 mil ejemplares por día. Salimos a comprar Papel de Tucumán, pero el problema era que nos costaba un 50% más caro.
–¿Y el papel importado?
–Se traía de Chile y Brasil, pero no era como ahora que los precios son otros. En aquel momento era muchísimo más caro. Pero igual la cosa se complicó todavía más. Cuando los dueños de Clarín, La Nación y La Razón se dieron cuenta que igual sobrevivíamos, ordenaron que su empresa Papel Prensa nos cortara la cuenta corriente. Llegaban los camiones con las bobinas y antes de bajarlas nos exigían que les pagáramos al contado. Era muy difícil.
–¿Te sorprende que la justicia investigue hoy el caso Papel Prensa?
–Siempre hablé del tema, pero nadie me daba bola. Hace poco pasé por Crónica TV una nota que hice con el negro Hugo Guerrero Martinheitz hace varios años por Canal 9. Ahí explicaba y contaba todo lo que pasó. Mucho antes que los demás.
–¿Te presionaron para vender Crónica?
–Tuve ofertas. Uno de los que quería quedarse con el diario fue López Rega, después de haberme sacado Canal Once, que también era mío. López Rega clausuró Crónica durante un año, supuestamente por lo que habíamos hecho con el tema Malvinas (ver aparte). 
–¿Alguna otra “oferta”?
–Tuve una de Clarín. Me vinieron a ver Pagliaro (Lucio Rafael) y Aranda (José Antonio) para pedirme que me asociara con ellos o que les vendiera una porción del diario. Pero les dije que no. Les dije que no a los militares, a López Rega y a Magnetto. 
–¿Qué opinás sobre las críticas que hoy se dedican los medios?
–No, no quiero hablar de eso. No me gusta hacer periodismo de periodistas.
–Aunque muchos te hayan criticado por el estilo Crónica…
–Nunca me interesó lo que dijeran de mí. Cuando en el ’71, Roberto Galán casó a dos enanos en Canal Once se cansaron de putearme, pero hoy Marcelo (Tinelli) hace bailar a una enana y todos dicen que es una genialidad y lo repiten por todos los canales. No me afectaron las críticas, lo único importante fue que el famoso casamiento hizo 65 puntos de rating. 
–Cuando eras el dueño de Crónica en tu oficina había una tapa enorme del diario español ABC. Hoy ese mismo cuadro te acompaña en el canal. ¿Por qué tanta fidelidad?
–Siempre me criticaron por los cadáveres que publicaba en Crónica. Decían que si exprimías el diario chorreaba sangre. Bueno, en un viaje que hice a Madrid me encontré con una tapa del ABC, que es un diario, muy católico, con una foto grande de dos militares muertos por la ETA. Me traje un ejemplar y mandé hacer un cuadro bien grande. Lo enmarqué y lo colgué detrás de mi escritorio. Para que no me jodan más.
–Bueno, pero esas críticas a Crónica siempre fueron un clásico.
–Con el tiempo todos terminaron haciendo lo que nos criticaban. El año pasado cuando se murió Khadafi, Clarín y La Nación, las revistas y los canales de televisión, se cansaron de mostrar en colores el cadáver. Y nadie dijo nada.
–Otro clásico fue vincularte al peronismo y a Boca.
–De Boca sí, pero no soy peronista. 
–¿De dónde salió entonces el mito que lo eras?
–Empezó con la salida de la revista Así, 20 días después de la caída de Perón. En aquel momento toda la prensa era antiperonista, decían que Perón era un delincuente, un asesino, un criminal. Y yo decidí cambiar todo el enfoque sobre el tema y en el primer número de la revista publiqué una nota que la agencia internacional United Press le hizo en Paraguay. Mientras todos lo puteaban yo puse la nota y agotamos el primer número. El título era “Exclusivo: habla Perón desde Villa Rica”. Además, en enero de 1964 fui el primer periodista argentino que le hizo una nota a Perón en Madrid. A todo esto se sumó que en Crónica siempre publicamos todo lo que estaba vinculado al peronismo, a las huelgas de la CGT, a Ubaldini.
– Demasiados antecedentes para sostener que no sos peronista.
–Soy periodista. 
–¿Cómo surgió la histórica tapa de la muerte de Perón, en la que sólo pusiste el título catástrofe “Murió”?
–No sé. Se me ocurrió como se me ocurren las placas de Crónica TV. 
–Otro “producto García” que ya es un clásico.
–Con las placas rojas me terminé dando un gusto. Yo trabajé en el viejo Canal 7 y después manejé Canal Once y Teledos. En todos lados, los escenógrafos siempre me dijeron que el color rojo estaba prohibido en la televisión, porque era de mal gusto. Me decían que había que usar los tonos crema, azul, blanco. Pero yo siempre insistí con el rojo. Cuando hice Crónica TV me di el gusto. 
–¿Quedó alguna cuenta pendiente con el periodismo?
–No, para nada. Fui el primero en armar un multimedios en la Argentina con el diario Crónica, Canal Once, las revistas Así y Así es Boca, radio Colonia y los teatros Astros y Estrellas. Hice de todo.
–¿No te agarra nostalgia por volver a sacar un diario?
–No, quiero estar tranquilo y tener tiempo para salir a comer con mis amigos. Además, hoy me divierte más la televisión. Ya está. En mi vida hice de todo y siempre con éxito. Crónica vendía un millón de ejemplares sólo en Capital y Gran Buenos Aires, porque no iba al interior del país. La revista Así vendía 500 mil ejemplares los martes, y otro tanto los jueves y los sábados; o sea, 1,5 millones por semana. A Colonia la agarre cuando era una radio de mierda y la puse primera. Canal Once no existía, estaba en quiebra y le ganaba hasta Canal 7, pero en cuatro meses lo puse primero. Con Teledos hice lo mismo. Nunca me fue mal porque mi idea siempre fue la misma, mi público siempre fue el mismo.
–“Firme junto al pueblo”, como el eslogan del diario.
–Claro, si todo el mundo leía Crónica. Los laburantes volvían del trabajo con el diario bajo el brazo. Gracias a Crónica recibí cartas de presidentes, gobernadores, senadores, gente de espectáculo, del deporte. Hace unos años el presidente de la AFA, Julio Grondona, me mandó una carta en la que me contaba que su mamá no podía irse a dormir si antes no leía la 6ª del diario. Ese fue siempre mi público.<
 
Una de piratas
 
 Llamar piratas a los ingleses siempre fue una de las marcas registradas del diario Crónica. Y la reivindicación de la soberanía argentina en Malvinas, una de las declaradas obsesiones de su fundador Héctor Ricardo García. “El tema me apasionó desde el primer grado del colegio, cuando me enseñaron que eran nuestras y estaban usurpadas por los ingleses”, explica el periodista que en dos oportunidades viajó en forma clandestina a las islas.
Su primer acercamiento concreto con estos viajes fue en septiembre de 1964, cuando desde las páginas de Crónica le dio una amplia difusión a la aventura del piloto Miguel Fitzgerald, quien en un pequeño avión Cessna aterrizó en Malvinas para enarbolar una bandera argentina y entregar una proclama a los isleños.
Dos años más tarde, García sería convocado por Dardo Cabo para participar en lo que sería uno de sus mayores desafíos profesionales, el Operativo Cóndor. “Hasta que no estuve arriba del avión, no tenía la menor idea de cuál era su plan. Sólo sabía que tenía al alcance de la mano una buena noticia, y especulaba si podía tratarse del Che Guevara en la Argentina, el cadáver de Evita o el retorno de Perón. No sabía cuál era el tema, pero mi pasión por las noticias fue más fuerte y me sumé. En pleno vuelo, cuando la máquina ya había sido desviada y tomada por los 18 jóvenes integrantes del comando me enteré que el Operativo Cóndor había comenzado”, evoca el empresario periodístico.
“En Malvinas me tocó vivir –agrega– uno de los momentos más inciertos de mi vida periodística. Estaba paseando por las islas sacando fotos cuando fui parado por la policía y un soldado. Me invitaron a ir a la comisaría y a los pocos minutos, aparecieron dos hombres armados con ametralladoras. De repente, uno que se identificó como el jefe, se abalanzó sobre mí y me pegó una trompada que me dejó grogui. Yo le explicaba que era periodista, pero me sacaron todo lo que tenía en los bolsillos y me dejaron detenido en un calabozo mugriento.”
Finalmente, se reencontró con el comando de Dardo Cabo y después de algunos días abandonaron la isla a bordo de una vieja lancha carbonera. Al llegar al continente, la justicia condenó a los jóvenes a prisión por los delitos de tenencia de armas de guerra y privación ilegítima de la libertad.
La tercera parte de la historia personal de García con las Malvinas volvió a tener como protagonista a Fitzgerald. Dos años después del Operativo Cóndor, periodista y piloto viajaron juntos a Malvinas, en un vuelo que casi termina en tragedia. “Tuvimos que aterrizar en un camino muy peligroso porque las pistas estaban bloqueadas. Después de carretear unos 200 metros, a los saltos, el avión fue a parar a una zanja mientras un ala se incrustaba en la tierra. Tuvimos que salir por la puerta de emergencia”, explica.
 
El secuestro del ERP y la huida por Santucho
 
 Durante la dictadura de Agustín Lanusse, se ordenó que los medios de comunicación no podían nombrar a Montoneros ni al Ejército Revolucionario del Pueblo. El acto de censura, similar al que Aramburu había dispuesto con Perón, impedía a una fracción del ERP difundir un comunicado en apoyo a la fórmula Cámpora-Solano Lima, que días antes había ganado las elecciones. “Fue entonces que planificaron mi secuestro –relata García en su libro– para exigirme su difusión en la portada de las tres ediciones del jueves 8 de marzo.”
A las 7:45 de aquel día, un grupo de jóvenes irrumpió en la casa del empresario periodístico para llevárselo como rehén y lograr que se publicara la solicitada. García convocó al director del diario y le dio instrucciones para que el extenso comunicado del ERP saliera en la tapa de la 5ª edición. Una vez cumplida la exigencia, los secuestradores le trajeron un ejemplar y le tomaron diez fotos en su lugar de cautiverio (una de las cuales ilustra este recuadro). Catorce horas después, García era liberado en el cruce de Panamericana y Thames, en San Isidro.
Pero esta no iba a ser su única historia vinculada con el ERP. En julio de 1976 se produjo la muerte de su líder Mario Roberto Santucho, una noticia que fue informada por Crónica con un gran despliegue de textos y fotografías. La cobertura del hecho, que naturalmente violaba todas las prohibiciones de aquellos años, derivó en las detenciones del director del matutino, Américo Barrios, y del vespertino, Ricardo Gangeme, en el allanamiento de la redacción y en la frenética búsqueda del dueño del diario, para volver a ponerlo entre rejas.
“Mi exilio duró veinte días. Después del forzado encierro, de no poder hacer ni recibir llamados telefónicos, una noche decidí arriesgarme y con una amiga aparecimos a las doce de la noche en Fechoría, cuya clientela conocía mi situación. Todos me miraron, sorprendidos. Esa noche quedé blanqueado y retomé mi vida normal”, recuerda García.
 
 
El aguante a la vieja Olivetti
 
 
 El despacho de García en Crónica TV es una radiografía de su personalidad. Tiene diez televisores encendidos en todo momento y las paredes están cubiertas por decenas de cuadros y fotografías. En el medio hay una bandera argentina, como las que se usan en las escuelas, y apoyados sobre una mesita, están amontonados todos los premios Martín Fierro que ganó en los canales que dirigió. Pero, tal vez, el detalle que describe a esta leyenda del periodismo en su real dimensión sea la vieja máquina de escribir que tiene estratégicamente ubicada sobre un costado de su escritorio. Es la misma Olivetti que usaba en Crónica mientras el resto de la redacción ya tecleaba sobre computadoras. Es su joya personal. Es el símbolo que, quizás, mejor lo reivindique.
 
 
En vivo y en directo
 
García creó un estilo propio, lleno de expresiones y recursos que se convirtieron en verdaderos clásicos del periodismo. “Una de las cosas que inventé y tengo registrada –evoca– es la frase ‘en vivo y en directo’. Pero lo gracioso es que todo surgió a a partir de un error mío. Con Pinky hacíamos un programa de ocho horas en el viejo Canal 7 y un día armamos en exteriores un espectáculo con autos chocadores frente a la cancha de River. En medio de la transmisión se me ocurrió decir ‘en vivo y en directo’ y así quedó la famosa frase que ahora usan todos”.  


El colmo - En casa de herrero, entrevista sin fotos

El único requisito para esta entrevista fue no hacer fotos, pedido sorprendente para un periodista, un fotógrafo, que explotó como pocos la fuerza de una imagen impactante.
–¿Por qué no querés fotos si estás como hace diez años?
–No quiero que me conozcan (se ríe).
-–Hacé memoria, ¿qué hubieras hecho si en Crónica te llevaba un reportaje, pero sin fotos del entrevistado?
–Te mataba. Pero igual, no me jodas más porque no quiero fotos.

La sorpresa - Mickey Mouse
García y el célebre personaje de Walt Disney tienen algo en común: nacieron un 18 de noviembre, de 1928 el dibujo animado y de 1932, el fundador de Crónica. Cuando descubrió la coincidencia, el periodista se convirtió en fanático del ratón y comenzó una colección de muñecos que ya supera los 2000. A manera de homenaje, le dedicó su nuevo libro.

Del día que hizo historia con una palabra a las placas rojas de Crónica TV

Héctor Ricardo García para todos los gustos: junto a una de las avionetas de Crónica, junto a sus amigos Palito Ortega y Leonardo Favio en Teleonce y en otro programa que conducía en el viejo Canal 7. El día de la muerte de Juan Domingo Perón, tituló el diario crónica con una sola palabra: Murió. Sin proponérselo, con esa tapa hizo historia. Como lo hace a diario con las desopilantes placas rojas de su canal de noticias.



El dato - Caballero

Héctor Ricardo García eligió cerrar el capítulo final de su libro con el editorial “Cien veces lo quisieron matar” de Roberto Caballero, publicado en Tiempo Argentino el 11 de febrero de 2011. 

Una vida de éxitos y persecuciones

1950. Edita la revista Sucedió, su primer intento editorial. Sólo sacó cuatro números.
1954. Crea la revista Así esBoca. 
1955. Edita la revista Así. En 1964 llegó a vender 1.500.000 ejemplares por semana.
1957. Lo detienen los militares durante once días. Jamás le informaron los motivos.
1963. Funda Crónica, único diario del país con tres ediciones diarias. En dos oportunidades superó el millón de ejemplares vendidos. El Caso Penjerek y un popular concurso de Pepsi Cola (García publicaba todas las respuestas sin nombrar la marca, para evitar juicios) fueron los dos temas que ayudaron a apuntalar su éxito.
1965. Compra Radio Colonia.
1966. Participa del Operativo Cóndor que, liderado por Dardo Cabo, concreta una ocupación simbólica de las Islas Malvinas.
1968. Realiza su segundo viaje a Malvinas, acompañado por el piloto Miguel Fitzgerald.
1970. Onganía clausura Así porque a su esposa no le gustaron las fotos de un accidente
1970. Onganía vuelve al ataque, pero contra Crónica. Clausura el diario por la información que se publica sobre el Cordobazo.
1970. Compra la licencia de Canal 11 (Teleonce) y arma el primer multimedios del país.
1972. Adquiere la sala del cine Astor para remodelarla y, un año después, reinaugurarla como el Teatro Astros.
1973. Es secuestrado por el ERP. Lo liberan tras acceder a publicar una solicitada en Crónica.
1974. López Rega clausura Crónica por un año, invocando “una campaña a favor de las Islas Malvinas”.
1974. López Rega interviene Canal 11.
1975. Inaugura el complejo teatral Estrellas. A finales de aquel año, quedó semidestruido por una bomba que colocaron para impedir el estreno de una obra de Nacha Guevara.
1976. Es detenido por los militares a raíz de una información difundida en Radio Colonia sobre el golpe militar contra Isabel Perón.
1978. Videla clausura Crónica por tres días, por publicar información sobre una supuesta apertura política del gobierno.
1979. Es presionado para vender Canal 11.
1979. Compra el diario El Atlántico, de Mar del Plata.
1987. Se hace cargo del Canal 2 de La Plata y lo convierte en Teledos. Un año después, estalla un conflicto judicial y se retira de la emisora.
1994. Funda Crónica TV, el primer canal de noticias en transmitir las 24 horas en vivo.
2005. Lo detienen ocho meses por una causa de evasión fiscal.
2005. Vende el diario Crónica al grupo Olmos.
2012. Después de siete años, es absuelto en la causa por evasión tributaria.