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sábado, 27 de junio de 2015

Aplastar a Grecia para acabar con toda disidencia

Después de contemplar lo que viene ocurriendo entre Grecia y la Troika en los últimos años, y especialmente desde que gobierna Syriza, hay que ser muy ingenuo para pensar que el desacuerdo actual es una fase de un debate económico honesto, es decir, de una negociación sobre la conveniencia de tomar unas medidas u otras para mejorar la situación de la economía griega y de la europea en general. Y, por supuesto, para creer, como nos dicen, que lo que se plantea es que un país, en este caso Grecia, haga efectivos sus compromisos y pague sus deudas. Si esa fuese la cuestión, Alemania (que es la potencia europea que más deudas ha dejado de pagar en el último siglo y a quien más se le han perdonado) comenzaría a saldar las muy cuantiosas que tiene con Grecia desde la última guerra mundial, por ejemplo.
Los hechos son elocuentes:
– La quiebra de Grecia vino producida por la aplicación de políticas neoliberales en los últimos decenios y por la complicidad de las autoridades europeas y de los grandes bancos internacionales con sus gobiernos corruptos y con las élites que se beneficiaron del expolio de lo público y de una fiscalidad poco progresiva. Sin embargo, estas mismas autoridades y estos bancos se empeñan en resolver el daño de esas políticas reforzando su aplicación. Un contrasentido que solo puede tener los efectos desastrosos que ha tenido hasta que llegó al gobierno Syriza y que son bien conocidos.
– Es una barbaridad que se preste dinero a alguien que está quebrado. Sin embargo, cuando Grecia estaba quebrada como consecuencia de lo que acabo de señalar, la Troika le obligó a solicitar préstamos que se sabía que, lógicamente, no iba a poder pagar. Otro contrasentido que solo puede explicarse porque dar crédito es el negocio de la banca internacional y porque esa era la manera de salvar a los bancos europeos que irresponsablemente habían financiado las políticas corruptas de los anteriores gobiernos griegos en connivencia con la banca internacional que auditaba y respaldaba el engaño.
– Cuando se reconoció la quiebra de Grecia el problema podría haber tenido una solución relativamente poco costosa y apenas incruenta socialmente. Su deuda era, por ejemplo, unas tres veces menor al dinero que los gobiernos francés y alemán dieron generosamente para salvar a sus bancos. Sin embargo, como he dicho, se aprovechó la situación para obligarla a suscribir nuevos préstamos con tipos de interés cada vez más altos gracias a la manipulación de los mercados por los propios prestamistas.
– Las políticas de austeridad (de falsa austeridad, como señalaré enseguida) han fracasado completamente. No han permitido alcanzar ni uno solo de los objetivos que la Troika decía que iban a cumplir. Han provocado una caída de casi el 30% en la actividad económica y en los ingresos, y la deuda (que se supone que era lo que iban a resolver) ha aumentado considerablemente. Ninguna, exactamente ninguna de las previsiones de la Troika al imponer estas políticas se ha cumplido.
– También son evidentes las pruebas de que esas políticas no han buscado la austeridad y soportar menos gastos sustanciales, como decían:
Se podría haber financiado a Grecia sin intereses (o con intereses irrelevantes), tal y como se viene haciendo con la banca privada para salvarla de su irresponsabilidad. Actualmente, Grecia paga alrededor del 12% de su deuda pública en intereses frente al 0,56% de Alemania y eso no se debe, como también se quiere hacer creer, a la mala situación económica griega, sino a que se renunció a que el banco central financie a los gobiernos para que hagan negocio con ello los bancos comerciales creando dinero de la nada (han llegado a cobrar a Grecia un 35% de interés por un dinero que obtenían prácticamente sin coste alguno).
Se podrían haber paralizado los gastos militares griegos pero no se ha hecho porque son una fuente de ingresos para Alemania y Francia.
Ningún acreedor en su sano juicio impone a su deudor una estrategia que le impida generar más ingresos sino que procura que los genere en la mayor cuantía posible para que así pueda ir pagándole la deuda. La Troika, sin embargo, se empeña día tras día en imponer políticas que destruyen la capacidad de crear ingresos en la economía griega (las medidas recesivas que ha vuelto a imponer para llegar a acuerdos y que el gobierno griego ha rechazado con toda razón y sensatez). Como diré enseguida, no se busca en realidad que Grecia genere ingresos y pague (como quiere el gobierno de Syriza), sino que se someta y que se traspasen cada vez más recursos y poder al sector privado ya de por sí más poderoso, lo que en lugar de salvar a la economía griega la empeorará aún más, como antaño cuando se hizo exactamente eso.
– No se puede aportar evidencia empírica y científica alguna para probar que las políticas de privatizaciones, de recortes y de destrucción de instituciones que impone la Troika sean eficaces para generar eficiencia, más ingresos y mejor condición económica. En ningún país en donde se han aplicado las medidas de austeridad que propone la Troika se han conseguido los efectos que dicen que van a conseguir para tratar de convencer a la población. Así lo demuestra claramente el libro de Mark Blyth Austeridad. Historia de una idea peligrosa.
– Las políticas impuestas por la Troika solo se han dirigido a facilitar que los grupos económicos y la población de mayor renta se apropien de cada vez más ingreso y patrimonio. Un reciente informe (Greece: solidarity and adjustment in times of crisis) lo deja bien claro: los ingresos salariales han caído un 27% entre 2009 y 2014, los impuestos han subido en un 337% para los grupos de menor ingreso y menos del 10% para los más elevados, y el 10% de la población más pobre ha perdido el 82% de sus ingreso desde 2008. Otros muchos estudios han mostrado que las políticas de la Troika han hecho que Grecia sea el país europeo en donde más han aumentado el riesgo de pobreza y la exclusión social y que el traspaso patrimonial desde los más pobres y desde el Estado a los más ricos ha sido ingente.
– Como han dicho reiteradamente, las autoridades griegas no se oponen a pagar las deudas sino a que se cierren las fuentes de ingresos que permiten pagarlas y mantener condiciones de vida digna de su población. Y tampoco se han negado, ni siquiera, a realizar reformas en la línea impuesta por sus acreedores, a pesar de estar en contra de sus deseos y compromisos electorales.
– La única mejora que se ha producido en la economía griega fue tras la reestructuración de la deuda, que es lo que principalmente reclama el gobierno griego. Y diversos informes han mostrado que hay otras vías distintas para generar ingresos que permitan que Grecia salga adelante, a diferencia de lo que viene ocurriendo con las que ha impuesto hasta ahora la Troika (ver mi artículo Grecia y Syriza frente a una Europa en evidencia).
Es indiscutible que la Troika no ha logrado mejorar la economía griega con sus medidas y ni siquiera que los acreedores tengan más oportunidades de cobrar (en realidad, éstos han prestado con tantos intereses que tienen casi seguridad total de cobrar el principal por muy mal que se pongan las cosas).
¿Por qué, entonces, las autoridades europeas se empeñan en cerrar cualquier salida al gobierno griego?
La razón es sencilla: no se trata de huevo sino del fuero. Es decir, lo que persigue la Troika, con la señora Merkel a la cabeza rememorando lo que los aliados hicieron en el siglo pasado a su país, es mantener la primacía de sus políticas y de los intereses que defienden. Lo que buscan es evitar cualquier disidencia porque no pueden permitir que se manifieste ningún tipo de hendidura, por pequeña que sea, por donde entre una nueva manera de poner en marcha el proyecto europeo o de salvar a los pueblos.
Por eso, la única manera de luchar contra la dictadura de la Troika y de las autoridades europeas es con democracia (a la que temen como al diablo) y poner en frente de sus designios la voz nítida e indiscutible de los pueblos. El gobierno griego ha hecho bien convocando el referendum. Ahora, las autoridades europeas deben retratarse: o están con los pueblos o contra ellos.

Los ’90 globales

or Sandra Russo
Hace dos semanas, me esforzaba en este mismo espacio para intentar desencriptar, aunque sea un poco, algunos ítem de los distintos tratados de libre comercio que Estados Unidos negocia en diferentes regiones del mundo, todos ellos con una zona opaca a la que los pueblos no tienen acceso. Digo “me esforzaba” porque a todos nos gusta entretenernos, incluso a los que escribimos, pero estamos en una instancia en la que hay que considerar la pulsión de esta época al entretenimiento como una de las piezas clave que permiten moverse con tranquilidad a los factores del poder real. Mientras esa pulsión, que antes estaba reservada a un género periodístico o televisivo, ha revestido la torta global como un glasé y cada vez menos gente soporta leer de corrido notas ásperas y complejas, el mundo se vuelve a cada instante más áspero y complejo.
En aquel caso, el tema era el TTIP y su cláusula madre, la ISDS, que plantea que en los futuros litigios entre las grandes corporaciones y los respectivos Estados, no intervendrá la Justicia del Estado en cuestión sino un equipo de árbitros privados. Eso equivale al desmantelamiento de los andamiajes jurídicos europeos y el asomo de una Justicia privatizada y al servicio del mercado. Se sugiere repasar la última oración. Si logran darle cuerpo a esa Justicia privatizada –o logran imponer, como en el caso escandaloso de la FIFA, la Justicia extraterritorial de Estados Unidos no ya porque el dinero haya pasado por su territorio, sino porque un correo electrónico que pasó por un servidor norteamericano también puede ser usado como prueba y habilitar la actuación de la Justicia de ese país–, estaríamos en presencia de la maniobra más brutal del neocolonialismo, que ya no pasa por la extensión territorial sino por la ampliación de su jurisdicción para dictar reglas de juego.
La escala de la maniobra es global. Esta semana, muy lejos de Estrasburgo, en Panamá, nuevas filtraciones de Wikileaks permitieron saber algo de cómo se están desarrollando las frenéticas negociaciones secretas del TISA (Trade in Services Agreement). Según un informe del periodista Marco Gandásegui, cincuenta países llevan adelante esas negociaciones, asesorados por funcionarios de Estados Unidos y la Unión Europea. Como el TTIP, el TISA plantea un cambio radical en el orden mundial: se trata en todos los casos de alianzas neoliberales de dimensión planetaria, y ponen sobre la mesa el nuevo y verdadero objeto de lucha, que es el geopoder. Para asegurárselo, Estados Unidos apura esos tratados, antes de que China y Rusia, por un lado, tienten a los diferentes países miembros con negocios más convenientes, y por otro antes de que el secreto trascienda y en los distintos países se construya masa crítica para rechazarlos.
El TISA abarca telecomunicaciones, servicios financieros, seguros y transporte, comercio electrónico, entre otros rubros cuyas condiciones de intercambio se pretende dejar regulada ya con la firma del tratado. Lo urgente que hay que entender es que esas regulaciones que vienen en combo con los tratados vulneran en casi todos los casos las respectivas leyes nacionales, autonómicas o municipales. Es decir: mientras a la luz del día distintos foros internacionales profundizan la necesidad de regular los mercados financieros y sobre todo a su carroña, que no es una excepción sino un subproducto inherente a esta etapa del capitalismo, desde el poder central de Occidente se intenta firmar bajo cuerda tratados que no tienen por objeto comerciar libremente, sino ganar la pelea de la hora, que como hemos visto los argentinos con el bizarro caso del juez Griesa, es la pelea por la jurisdicción. Las corporaciones, como los buitres, que las inspiran, quieren asegurarse una jurisdicción propia, que las ponga a salvo de cualquier regulación futura, sobre todo cuando en Europa del sur se insinúa la inspiración de un cambio.
De acuerdo con el informe de Gandásegui, están negociando el TISA y de hecho aceptando los cinco años iniciales de secreto que supone el tratado, todos los países latinoamericanos que integran la Alianza del Pacífico, a los que se suman muchos países asiáticos. La exigencia mayor es que se eliminen todos los controles de los mercados financieros, incluso sus residuos derivados de la crisis de Wall Street de 2007. Va de suyo que los países que lo firmen quedarán a expensas de los buitres, aunque finalmente muchos de esos países firmen como fachada nueva legislación global al respecto.
En paralelo a estos esfuerzos secretos cuya opacidad sólo se explica por su propia naturaleza predadora, hay otras señales que indican que, en efecto, si hay un círculo rojo, no es autóctono ni mucho menos está integrado por periodistas de una señal local opositora. Lo más parecido a un círculo rojo que se conoce se reúne una vez por año en Holanda o en Austria –donde nació el neoliberalismo en los ’50–, y se llama Grupo de Bilderberg. Lo que más se sabe del Grupo de Bilderberg es que no se sabe nada. Año tras año se reúnen, como a principios de este mes, en una localidad del Tirol austríaco, sin que ninguna cobertura periodística de un gran medio se esfuerce en dar cuenta de lo que allí sucede. Es más: este año hubo periodistas de grandes medios invitados, pero a condición de que no revelen qué escucharon. Vaya si no hay que repensar a qué se le llama periodismo.
El secreto, sin embargo, se fragmenta un poco cada año. Esta vez el Grupo inauguró una página web con consideraciones tan generales que parecían pronunciadas por Sandra Bullock en Miss Simpatía. Trascendieron algunos nombres de los cien invitados anuales, aunque se presume que ni siquiera ellos son los dueños de la torta y su glasé, sino sus CEOS, sus altos ejecutivos, sus delegados. Estuvieron, como el año pasado, representantes de Google y Yahoo!, presidentes de empresas como Airbus, Lockheed Martin, Chevron, Exxon Mobil, BP, AT&T, Bell-South, además de los dueños de algunos grandes bancos como el Santander, más los primeros ministros de Austria y Bélgica, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, o el ex presidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso. La invitación que más impresión causó fue la de Pedro Sánchez, actual secretario general del PSOE español, ya que no hubo invitación para nadie del PP. El Grupo de Bildenberg, al parecer, pone en el PSOE sus esperanzas en las elecciones generales españolas de este año.
Algunas ideas que trascendieron de la reunión, según el periodista Carlos Santamaría de RT, son la necesidad de cohesión de la elite global frente al desafío de nuevas grietas en su proyecto de gobernanza del mundo. El surgimiento de la multipolaridad es básicamente frente a lo que se pertrechan. Analizaron casos puntuales que consideran amenazantes, como la reciente ley de impuesto a la herencia ecuatoriana. Quieren evitar réplicas. Discutieron también la necesidad de concentrar poderes político-militares, y dónde creen prioritario actuar. América latina es uno de esos lugares. El otro frente donde evaluaron que hace falta más acción es la ex Europa del Este y los países bálticos, destinados ya a la movilización de tropas de la OTAN con el pretexto de “la amenaza rusa”, no tanto por sus misiles, sino por sus gasoductos. También sembrarán más violencia en Siria y en Irak, combatiendo al terrorismo que ellos mismos formaron y reclutaron para sacarse de encima a tiranos que no les regalaban el petróleo. Uno de los análisis críticos que circuló después de la reunión y con la información que se obtuvo, es que ese círculo rojo concentra hoy la capacidad de “la organización del desorden controlado” en todo el mundo. Parece un cuento de Orwell, porque Orwell era un visionario.

jueves, 11 de junio de 2015

PLED Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales

Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas

Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas
Director: Ph.D. Atilio Boron
Coordinadora Académica: Dra. Sonia Winer

Abierta inscripción segunda cohorte 2015, empieza en agosto

Síntesis
En tiempos como los actuales, en los que la depredación capitalista del medio ambiente y todas las formas de la vida social ha llegado a niveles desconocidos en la historia, una reflexión sistemática sobre la geopolítica del imperialismo y las políticas de defensa que deberían ser implementadas para repeler tamaña agresión son más urgentes e importantes que nunca. Lamentablemente, la respuesta de la academia en América Latina y el Caribe no ha estado a la altura de las circunstancias y el tema no ha sido abordado con la amplitud y profundidad requeridas en los estudios de posgrado de la región. Para contribuir a remediar esa falencia el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED) conjuntamente con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA) han convenido en lanzar la “Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas” con un plan de estudios de dos cuatrimestres de duración, con modalidad virtual, y de carácter crítico y transdisciplinar conducente a la obtención de un título, emitido por ambas instituciones, de Diplomado en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas.
Identificación de la carrera
Diplomatura en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas
Duración
Dos cuatrimestres (un año lectivo)
Título que otorga
Diplomado en Geopolítica y Defensa Latinoamericanas
Institución que titula:
Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (FFyL-UBA)
Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED-CCC)