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miércoles, 8 de marzo de 2017

CONCENTRACIÓN DE LA CGT. El triunvirato estafó a los trabajadores y se tiene que ir / Yapa: las miradas de Carlos Balmaceda y Teodoro Boot DESTACADO Publicado por Juan José Salinas



Bochorno

El triunvirato que conduce la CGT, y en el que no hay ningún representante de los gremios industriales, debe renunciar y convocar a un comité central confederal. Lo de hoy fue una alevosa traición. Se veía venir desde que decidieron hacer el acto no de cara a la Casa Rosada, sede del Gobierno que está vaciando el país y reduciendo a la miseria a los trabajadores, sino en la Diagonal Sur frente a la sede de un ignoto ministerio encargado de la producción cuyo nombre completo y el de su titular es ignorado por la inmensa mayoría (me atrevería a dcecir, el 99,8 por ciento) de los asalariados. Para más escarnio, pusieron el escenario de espaldas a Plaza de Mayo, formando un corralito en el que no cabía más que una mínima porción de la concurrencia. Y como si esto fuera poco, adelantaron una hora el comienzo del acto, dieron tres desabridos discursos que parecían bocetados por Jaime Durán Barba (sin mencionar siquiera a Milagro  Sala) y se cuidaron de no ponerle fecha al paro nacional con el que vienen amenazando desde hace casi un año, y que recientemente prometieron que se haría en el corriente mes de marzo. Para colmo, Daer tartamudeó que si la política económica no cambía, habría paro antes… de fin de año. Dándose cuenta quiso arreglarla y rectificó “antes del fin de abril”. Apenas terminó su insípida perorata, desde los parlantes se instó a la defraudada concurrencia “Retírense pacíficamente”, lo que hinchó de ira al grueso de los trabajadores. De manera que una concentración que con toda naturalidad hubiera coreado “Andate Macri, la puta que te parió”, terminó coreando “Paro general” y “Poné la fecha, la puta que te parió”. Rodeados de manifestante enardecidos no pudieron bajar del palco hasta bastante más tarde, entre guardaespaldas, insultos y botellazos. La Corriente Federal de Trabajadores (que entró en una Plaza de Mayo repleta de vallas y policías) y la CTA (que ni pudo entrar a la diagonal) mantuvieron las banderas en alto. Carlos Acuña (que dijo en medio de los incidentes que hay gremios que no están de acuerdo con el paro), Juan Carlos Schmid y Héctor Daer se dejaron apretar y/o comprar. Estafaron a los trabajadores. Se tienen que ir.
Último momento: Me llegó una crónica de Carlos Balmaceda y más tarde, otra de Teodoro Boot. Las copio:
Llegué tarde a la plaza, o mejor dicho, llegué a la hora correcta. La indicada por todos los medios de comunicación y que la CGT dio a conocer oficialmente.
Notaba, con desconcierto, que las columnas iban y venían, se cruzaban, parecían irse algunos, sobre todo, los que habían venido de las provincias.
Daba la impresión de una concentración invertebrada, donde los radicales de FORJA y Los irrompibles se movilizaban en la cola de la marcha cuando ya las columnas de la izquierda daban vueltas por el cabildo. Fui y vine por la diagonal, me crucé con perdidas corrientes de izquierda que también se marchaban, no que marchaban, y muchos sindicatos que llegaban y se iban.
¿Dije invertebrada? Buena palabra para definir lo que pasó, por adelantar una hora el acto sin avisar, por hacer tres discursos pálidos de 10 minutos sin definiciones, ni siquiera se podía contar cuánta gente había ido, y todo el espíritu del reclamo se deshacía con la misma dispersión de la convocatoria.
La CGT había decidido desinflar la marcha, jugar a las escondidas con los 300.000 trabajadores que concurrieron, y no dar la cara, porque si lo hubieran hecho a las 4 de la tarde, con la multitud enterada y al pie del palco, no hubieran podido bajarse.
Todos sabemos que el palco de un acto es el símbolo de la fuerza, que los bombos y las banderas y los íconos, los parlantes, los micrófonos, quiénes están y no están, son de por sí una definición política. Hoy no había nada allí, Nada. Porque la CGT decidió que no hubiera nada.
Se notó que convocaron a la marcha con la misma convicción con la que Caruso Lombardi se peleó alguna vez por la calle para las cámaras.
Esta dirigencia es tan neoliberal como el gobierno: viven como neoliberales, piensan como neoliberales y se sienten a gusto en un clima neoliberal. Solo les ha tocado un papel distinto a los gerentes y los ceos, pero ahora, presionados por las bases, no saben cómo plantarse frente a sus patrones y cómo seguir engañando a sus mandantes.
Daer está en estos momentos preso en el Sindicato de Comercio, y ya todos podemos decir “yo te vi correr por la avenida y esconderte”.
Lo que pasó hoy, pese a la bronca que generan estos traidores, es histórico: no recuerdo que esto pasara con Alfonsín, no recuerdo que esto ocurriera con Menem, cuando Moyano era un dignísimo resistente al neoliberalismo, ni con De la Rúa, no recuerdo que ocurriera con Néstor ni con Cristina, a la que se le hacían paros con un país que alentaba el consumo interno y favorecía en la distribución a los sectores populares.
Es histórico porque ocurrió en el gobierno más crasamente neoliberal de nuestra democracia moderna, es histórico porque la columna vertebral del peronismo, se invertebró, adelantó la hora para que hubiera menos gente, hizo discursos brevísimos, llenos de lugares comunes, y se escapó corriendo cuando las bases pidieron sus cabezas.
Es claro que este hito en la historia del movimiento sindical argentino nos conduce a otra situación, es la llave que abre nuevas bases y que pide a los gritos nuevos dirigentes.
Hoy la CGT murió. Quizás mañana encarne en otros luchadores leales al pueblo. Pero por hoy, podemos decir “La CGT ha muerto, vivan los trabajadores”.

Acuña, Schmid y Daer: los torvos rostros de un trío de estafadores.

El triunvirato se suicidó

Por las razones que sea (arreglo, resentimiento o rencor) el triunvirato de la CGT se suicidó. Fue de alguna manera parecido a lo de los tontos que en el 2015 sostenían que Scioli no debía ganar por demasiada diferencia, por lo cual fueron a menos y propiciaron el triunfo de Macri. El Triunvirato se asustó de su propia convocatoria e hizo todo, pero todo lo posible para restar importancia e impacto al acto al que había convocado. Y esto fue evidente no sólo en la imposible realización de la tal “marcha” (¿de dónde a dónde?) sino hasta en el emplazamiento del palco. Por supuesto, la pregunta es ¿para qué convocar a un acto si no se va anunciar nada distinto a lo anunciado en el confederal del año pasado? es decir un paro general, sin fecha.

Había ambiente de bronca y se notaba, pero de bronca contra el gobierno que, por la propia impericia y doblez del Triunvirato, se volvió contra la conducción de la CGT debido a la mediocridad, estupidez y connivencia de esos dirigentes con el gobierno que las bases querían putear. Dirigentes dotados de la mínima sensibilidad habrían entendido cómo venía el ánimo general e improvisado una fecha de paro ahí mismo, sin consultar con nadie. Y después, que sea lo que Dios quiera. Pero no. Parece que ni para eso les da a algunos compañeros. Y me extraña de Schmid, a quien el rencor enceguece y encanallece.

A estas gentes ni para eso les da. Y terminan yendo a negociar con el gobierno armados no de un paro sino de llantos patéticos como el de Daer. Así nadie puede negociar nada. Simplemente va, se arrodilla y abre braguetas. Uno que estuvo ahí puede decir que la bronca no vino de atrás del palco (por donde rajaron los dirigentes) sino de adelante, de los activistas de los mismos gremios que hoy conducen esta CGT que derrapa sin rumbo ni criterio. Esto se llama pegarse un tiro en el pie, y la CGT lo ha hecho. Veremos qué pasa mañana, pero cabe sospechar que ya no queda mucho espacio para conservar la unidad. Lástima.